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Los grandes ñames

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GUILLERMO SÁNCHEZ BORBÓN

En una sentencia feliz (que en otro tiempo se hizo famosa), escribió Lord Acton: “El poder siempre corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente: todos los grandes hombres son malos”.

Se le quedó esto en el tintero “y los pequeños que buscan (y generalmente alcanzan) el poder, también”.

A lo que yo agregaría la sentencia de Cannety (un sefardita búlgaro de genio, Premio Nobel de literatura para más señas): “Solo los locos buscan el poder. Y el poder, por su misma naturaleza maligna, solo va a parar a manos de los locos”.

Los dos hombres sabían bien de lo que hablaban. No hace falta mencionar ejemplos, porque el discreto lector los conoce mejor que yo. Baste con recordar dos: Stalin, Hitler.

Pero vengamos a los locos de nuestra América. Un dictador de Paraguay en el siglo XIX, descubrió que todos los grandes males de su país se debían a la educación y, ni corto ni perezoso, ordenó cerrar todas las escuelas. Era tal el miedo (injustificado) que le tenían sus gobernados, que muchos quemaron todos los libros que tenían en su poder.

Cuando murió el tenebroso tirano, nadie se atrevía a enterrarlo (“¿y si no estaba muerto nada?, como reza una vieja canción popular cubana). Y empezó a podrirse, y ninguno de sus paniaguados se atrevía a hacer lo que mandan la higiene y las buenas costumbres. Hasta que un hombre extraordinario, que no le tenia miedo ni a los vivos ni a los muertos, lo enterró y se quedó en el poder. Incipit un hombre de genio militar, cuyo gobierno, por causas diferentes, fue desastroso para el desventurado país.

Y ya en nuestros días: decir que el presidente Chávez, de Venezuela, es un hombre cuerdo, sería una exageración. Los ejemplos abundan: una vez un periodista europeo fue a entrevistarlo. Chávez lo recibió en una sala. En el sitio elegido para el diálogo había tres asientos. El periodista, entonces, le preguntó si asistiría otra persona a la conversación. Respuesta de Chávez: –Sí, cómo no; la otra silla es para Simón Bolívar.

Tiempo después de esta conversación, Chávez fundó el Partido Comunista Bolivariano que es, por donde se lea, un horrible oxímoron. Bolívar era conservador. Mi padre, que también lo era, por primera y última vez en su vida me dio un bofetón porque yo osé recitar en casa unos versos idiotas que me había enseñado un condiscípulo en la escuela primaria:

“Simón Bolívar nació en caracas, /en un potrero lleno de vacas/ unas muy gordas, otras muy flacas/ y todas llenas de garrapatas”. Para mi padre, como para todos sus correligionarios, Bolívar era sagrado…

… Pero bueno, Chávez es Chávez. Con motivo del apocalíptico terremoto de Haití, acusó a Estados Unidos de haberlo provocado deliberadamente, por pura maldad. Y todos recordamos el rapapolvos del rey de España (“¿Por qué no te callas!”).

Chávez es un buscapleitos, como lo prueba la grosería de que hizo víctima al presidente de Colombia. Un día de estos el presidente vitalicio de Venezuela va a encontrar la horma de sus zapatos.

 

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