MIGUEL A. BOLOBOSKI FERREIRA
Siempre he manifestado que el sentido común, o como dicen los anglosajones the common sense, es lógica, juicio, sensatez; pero, por sobre todo, conocimiento práctico y sentido de la realidad.
Es público y notorio que la educación panameña va de mal en peor. Según a quien le preguntes dirá que la responsabilidad recae en todos menos en quienes verdaderamente la tienen. Plantearnos una reforma curricular será siempre motivo de conflicto, y mientras se encuentra una solución consensuada en donde no necesariamente se haga lo correcto, nuestro país seguirá malgastando una inmensidad de recursos con el agravante de ir marcha atrás. Cuando, finalmente, queramos reaccionar (si es que se puede), tendremos que actuar a la brava, con las consecuencias de actuar coactivamente.
Algunas semanas atrás, manifesté en mi segmento televisivo “Crucigramas” que lo mejor que podía hacer el Ministerio de Educación era postergar la reforma curricular y abocarse de lleno a la construcción y habilitación de liceos de excelencia. Uno por provincia/región, incluyendo a las áreas indígenas.
Pues bien, o los chilenos escuchan mis comentarios o simplemente tienen en alto grado su sentido común. El futuro ministro de Educación del recién electo Gobierno chileno, don Joaquín Lavín, manifestó que el sello del Gobierno en materia educativa será una red de 50 liceos de excelencia, recalcando, además, “que serán el gran ascensor social de los próximos años para jóvenes talentosos y esforzados de familias de menores recursos” (que ingresarán por rendimiento académico).
Está de más decir que una buena y sólida educación es la base para el desarrollo futuro de todo ser humano. No resolver el tema de la educación “ya” es una “inexcusable e imperdonable” irresponsabilidad de nuestra generación. ¿Por qué razón hemos de condenar al fracaso a esa gran parte de la juventud que depende en exclusiva de los centros públicos educativos?
La solución al problema no es fácil, ni en la forma ni en el fondo, y menos aún en el plazo o tiempo que tomará resolverlo. Señora ministra, dele un vuelco al tema, olvídese de la reforma curricular e inicie la construcción de estos liceos de excelencia. Eso sí, contratando a los mejores educadores nacionales y extranjeros, y reconociéndoles una muy buena remuneración. Le garantizo que al poco tiempo, luego de iniciados, se tendrán que ir construyendo otros más. Al cabo de algunos años, el resto de los educadores se querrá integrar (tendrán, si desean prosperar) al proyecto, su proyecto y, finalmente, en unos lustros más Panamá podrá disponer de una educación de excelencia.
Bien podría ser un proyecto en conjunto con la empresa privada que se desarrolle a través de una empresa mixta, en donde el Estado establezca las pautas y normativas que nos permitan como sociedad alcanzar los objetivos de calidad que el mundo exige.
Nuestra Constitución Política, inclusive, aborda el tema de manera clara: Artículos 49, 91, 96, 282, 283, 284, 287.
“Tan solo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él”. Immanuel Kant




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