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Diálogo social y llamado a la unidad

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Enrique Arturo de Obarrio

Segunda proeza para el año 2010: El diálogo social, instituido a través del Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo, nacido desde la sociedad civil a la luz de la urgencia de tener una estrategia nacional de desarrollo verificable y continuada en el tiempo, más allá de cualquier administración debe ser remozado y convertido, en el seno de las discusiones más serias sobre el destino de nuestra Nación; una visión compartida, viable mediante la cohesión social.

El referéndum para la ampliación del Canal ofreció hace cuatro años la oportunidad para instar al gobierno Torrijos a crear un espacio de diálogo, donde la sociedad civil tuviera la oportunidad de recordarle al Gobierno que sus planes de corto plazo no han solucionado los problemas que aquejan a la patria desde su nacimiento. Nuestra patria está remendada, desde sus calles hasta su Constitución, y cada sastre quinquenal quiere hacer un remiendo más sobre su ya descosida geografía.

Urge retomar nuestra estrategia nacional de desarrollo, enriquecerla, actualizarla y hacerla verdaderamente visionaria al influjo de la experiencia de otros países, donde la sociedad civil logró concertar la soberanía popular y conminar a sus gobiernos a gobernar de acuerdo a una agenda de historia, y no de partidos políticos o liderazgos coyunturales que aparecen y desaparecen en virtud de intereses circunstanciales o de gamonales a quienes no les importa si la historia los va a juzgar o no, porque saben que el poder de sus dineros, cuando salen millonarios, sobrevive el tiempo necesario para manipular los textos y perpetuarse en placas y monumentos de bronce.

El gobierno de Martinelli, hoy mandatario gracias sobre todo a la sociedad civil, podría comportar un giro trascendental –ese verdadero cambio del que todos somos responsables– si rompe de verdad con las malas prácticas de la política tradicional; siempre dentro de lainstitucionalidad, el estado de derecho, abrazando las bondades del sistema de pesos y contrapesos, y favoreciendo en todo el sector público la instauración de una cruzada patriótica conformada por servidores públicos meritorios que se distingan por su honestidad, capacidad, criterio formado y auténtica vocación de servicio; dejando atrás esa complicidad de intereses obscuros, sobre todo, entre los poderes político y económico que siempre vieron a la sociedad civil como un enemigo y obstáculo, por lo que los innumerables avances que a pesar de todo se dieron bajo la impronta de la sociedad civil fueron posibles en gran medida por la perseverancia y presión constructiva y propositiva de sus distintos liderazgos.

La sociedad civil pudiera convertirse en el mejor aliado de la administración Martinelli para caminar juntos hacia la cristalización de una visión de país compartida, conformando una virtuosa amalgama de ilusiones, anhelos y firmeza de propósitos que nos deberían ser comunes.

Aplaudimos entonces el llamado a la unidad que hace el presidente Martinelli; la sociedad civil está lista y dispuesta, y la instancia idónea para hacer esto realidad es el Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo, que por ley preside el Presidente de la República.

Organicemos el futuro. Démosle a nuestro pueblo una opción permanente que rebase los periodos presidenciales, despierte en los gobernantes el afán de trabajar verdaderamente para el pueblo, conjure la ignorancia electoral, consolide la soberanía popular y piense en el mañana desde una perspectiva de planes a largo plazo.

El Gobierno es un actor más en nuestro drama social histórico; no tiene el principal papel protagónico, aunque podría ser el actor más querido. Un gobierno tiene que ejercer en forma diligente y responsable el mandato popular, que es el que le dio –condicionalmente– la alternativa quinquenal; y toda estrategia nacional de desarrollo tiene que supeditar sus planes, como el voto condiciona su periodicidad.

Para terminar les comparto una frase extraída del discurso de toma de posesión del nuevo presidente de la República Oriental del Uruguay, Pepe Mujica, quien ya asoma sus virtudes de gran estadista latinoamericano: “Miramos la radiografía, y lo que vemos adentro de la sociedad, son formas convexas y cóncavas, negociando el ajuste, porque se necesitan entre sí.

Entonces pensamos que sería contra natura, que los representantes políticos de esos retazos sociales, nos dedicáramos a separar y no a concertar. Queremos una vida política orientada a la concertación y a la suma, porque de verdad queremos transformar la realidad”.

 

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