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Semáforos se escribe con ‘s’ de solidaridad

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Álvaro González Clare

En un programa de televisión matutino reciente, el viceministro de Gobierno y Justicia Ricardo Fábrega, encargado de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) , hizo declaraciones sobre la semaforización de la ciudad y palabras más o menos dijo: “que el contrato con la empresa Telvet Tráfico y Transporte, S.A., no había sido decisión de esta administración y que el sistema era un contrato, llave en mano, en el cual terminada la instalación de todos los semáforos y puestos a funcionar en su totalidad y operando correctamente, serían cancelados los 26 millones de balboas acordados. Agregó, enfáticamente, una aseveración de trascendencia típica en la política criolla: “Tengan la seguridad de que no me temblará la mano para ordenar la suspensión de la orden de pago, si el sistema no funciona”.

No hay duda de que esta posición política de un alto funcionario de la actual administración es temeraria y populista, porque compromete la seriedad del Gobierno en una decisión que al final será netamente técnica. Estoy seguro de que una empresa especializada en la materia no ha dejado el contrato abierto al juicio político, en vez el resultado de la instalación será examinado y evaluado por una serie de parámetros técnicos de tiempo y tránsito vehicular en cada una de las 170 intersecciones críticas. La complejidad del tema no puede quedar al aprecio simplista y subjetivo de los políticos de turno.

Es de suponer que una ciudad como Panamá, virtualmente primitiva, caótica y con una mora de 50 años en semaforización, no puede llegar a funcionar idealmente y a gusto de todos los conductores solo con la instalación de un sistema de semáforos inteligentes. Esto es técnicamente imposible a no ser que el sistema se complemente e integre a otros elementos como son: la ampliación y construcción de nuevas vía y la organización de las vías marginales; la eliminación de vehículos estacionados en las calles, viaductos o los sobre pasos en puntos estratégicos; la jerarquización de vehículos; horarios para el paso de los camiones y el transporte pesado dentro de la ciudad, etcétera.

Un sistema de semaforización inteligente lo único que puede hacer, y así se debe juzgar su funcionamiento, es ordenar el flujo del tránsito de manera óptima dentro de la red existente vial que no tiene capacidad para manejar adecuadamente el parque automotor.

La situación alegóricamente es igual que hacer fluir una cantidad exagerada de agua a través de una red de tuberías instaladas que no tienen capacidad para manejar el volumen total. Lo que se podría pretender hidráulicamente es conducir el agua de la mejor manera posible, distribuyéndola en tiempos variables dentro del sistema de tuberías para suplir las demandas de manera práctica en cada salida, aunque no sean óptimas.

Esto no implica que el sistema será perfecto, pero sí que será lo mejor dentro de su imperfección, permitiendo que todas las descargas sean lo más equitativas en volumen y tiempo.

Los medios de comunicación social han juzgado y condenado mediáticamente el sistema de semáforos, complicando cada vez más la situación técnica.

La puesta en marcha sectorizada del sistema es difícil porque no aprovecha la ventaja de su integralidad. Los periodistas, igual que los políticos que juran saber de todo, se han dedicado a “demonizar” los semáforos, apoyando la terrible incultura vial de los panameños.

La realidad de la situación es peligrosa. Lo peor que nos puede pasar es que por una rabieta de populismo político para complacer y reiterar el prejuicio mediático, la ATTT decida cancelar el sistema de semáforos inteligentes, antes que se termine la construcción y se puedan poner a funcionar coordinada e integralmente. Si la ATTT toma la decisión de cancelar los semáforos inteligentes, nos condenaría al ostracismo técnico y a la prehistoria en la vialidad urbana.

El viceministro Fábrega, en vez de tratar de curarse en salud y obviar su responsabilidad como autoridad competente, debe darle a los técnicos de la ATTT y a la empresa todo su apoyo, a la vez que le solicita a la ciudadanía su cuota de tolerancia y paciencia.

Es necesario que todos comprendamos que este sistema, por imperfecto que pueda ser, mejorará sustantivamente la maldita situación que vivimos en las calles de la ciudad.

Si se instala integralmente el sistema, se logrará repartir los inconvenientes que existen en las esquinas críticas (que son casi todas), con una cuota de solidaridad ciudadana. Es esto o seguir matándonos en cada esquina.

El posible atraso que tengamos cada uno de los conductores en las rutas escogidas, será compensado a otros conductores en otras rutas alternas. Todos, al final, compartiremos los problemas equitativamente para que el tráfico y tránsito en la ciudad funcione apropiadamente.

El sistema de semáforos inteligentes nos dará más seguridad vial, reduciendo la grave agresividad de los conductores y, sobre todo, cambiará la cultura del juega vivo en el tráfico vehicular.

La ciudadanía no le debe hacer el juego a los políticos que han sacado el asunto del ámbito técnico, ni a los medios de comunicación que tienen su agenda propia y sus intereses mercantiles por delante.

Permitamos que se complete la instalación, con paciencia y tolerancia, dándoles el beneficio de la duda a los expertos en la materia, para que podamos salir de la era jurásica en que vivimos en la ciudad de Panamá.

 

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