Charlie Del Cid
Estaba frente a uno de los semáforos inteligentes, y la imprudencia de un ser humano –se supone que inteligente– me hizo recordar la frase de Pascal: “El hombre es una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una caña pensante. No hace falta que el universo entero se arme para aplastarla: un vapor, una gota de agua basta para matarla. Pero aunque el universo lo aplaste, el hombre sería todavía más noble que lo que lo mata, puesto que sabe que muere y el poder que el universo tiene sobre él; el universo, en cambio, no lo sabe.
Se me vino a la mente esto del factor humano. Me acordé del sargento que dirigía el tráfico en el cruce de cerro Patacón antes de que construyeran el puente. Me acordé de otros policías dirigiendo el tráfico; no tan eficaces como el primero. Se supone que los semáforos tienen sensores que captan cuando hay autos esperando o no. Supongo que por eso los llaman inteligentes. Pero no pueden hacer nada si no los programan correctamente. Si no están en sincronía provocarán tranques, como los que hemos percibido. De hecho, por muy inteligentes que sean, nuestra ciudad- lo sabemos desde hace años- fue diseñada a la libre y ya sus calles y avenidas no aguantan tantos automóviles.
¿A qué me refiero con el factor humano? Siempre seremos hombres y mujeres los que programemos las máquinas. Ellas no harán nada que no les hayamos sugerido. Todavía la inteligencia artificial depende de la mente humana. Y por eso, el factor humano es insustituible.
Los conductores nos sentimos tan impotentes cuando otro ser humano inteligente tranca la vía. Ocurre en varios cruces. Los de la vía principal tienen el paso. El semáforo cambia y ellos no tomaron en cuenta que la luz iba a cambiar y trancan el paso. Los demás no pudimos aprovechar nuestro turno y nos vamos desesperando. Entonces, nos tiramos por fuera; nos enojamos; les recordamos a su madre y llegamos al trabajo estresados.
¿En qué escuela del universo se nos enseña a no trancar el paso? Por supuesto, que en el manual de tránsito. Gracias a Dios, ya nadie obtiene su licencia por debajo de la mesa y nos hacen estudiar el manual. Pero a la hora de estar en la calle se nos olvida. Ahí pensé que los policías de tránsito eran más útiles e inteligentes que los semáforos, y que tenían una boletera que podría evitar que mis congéneres trancaran el tráfico. Luego recordé que los policías a veces utilizaban su boletera para coimear…
El factor humano. Sin duda, que la frase de los obispos en Medellín es profética. Es decir, vale para todas las épocas: “No tendremos un continente nuevo sin nuevas y renovadas estructuras; sobre todo, no habrá continente nuevo sin hombres nuevos, que a la luz del Evangelio sepan ser verdaderamente libres y responsables”. Medellín, Justicia 1,3.
Sin hombres nuevos, los semáforos inteligentes serán inútiles. Sin hombres nuevos, las elecciones seguirán siendo momentos fugaces.




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