Yo estoy sufriendo tanto por las secuelas de esta medicina, que me he atrevido a decirlo públicamente para evitar que otras personas experimenten los mismos problemas. Por ejemplo, estuve dos veces en urgencias y dos veces hospitalizada. Ahora sufro de cataratas y ojo seco; me diagnosticaron convulsiones (otro médico, también, irresponsable); tengo problemas digestivos, insomnio (solo duermo entre tres y cuatro horas), además de falta de apetito y cansancio excesivo, entre otros males.
¿Creen justo que ahora yo tenga que vivir con estos inconvenientes, cuando era una persona relativamente sana?
Señores, pongamos más atención y consultemos a varios especialistas antes de tomar medicamentos, sobre todo, aquellos que aún están bajo la lupa de la FDA (como descubrí posteriormente) para investigar los posibles efectos secundarios entre los consumidores. Soliciten que los especialistas le den seguimiento individual a cada paciente al que le receten esos medicamentos, como la solución a sus problemas.
¿Será posible que las autoridades panameñas de salud, que deben velar por el bienestar y la calidad de vida de los panameños, presten más atención a lo que sucede en nuestro país?
Unámonos y levantemos nuestras voces de protesta. Recuerden que la Biblia dice: primero anuncien (ya lo hice y casi ningún otro especialista quiere asumir la responsabilidad de responder a mis inquietudes, pues ellos se protegen entre sí) y después denuncien. Eso es lo que trato de hacer con este escrito, con responsabilidad ciudadana y, lo más importante, como cristiana.
Quien les escribe es una profesional en su rama, que se consideraba lo suficientemente preparada académicamente como para que esto no le sucediera. Por eso, les pido, por favor, que presten más atención para que ustedes no tengan que vivir estas tristes experiencias.





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