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| Un nuevo Canal en Centroamérica, ¿nos debe interesar? |
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Juan Carlos Eastman A.
Uno de los protagonismos recuperados fue el de la Federación Rusa, de la mano de Dmitri Medvédev, con su nueva proyección económica, político-militar y tecnológica sobre la región. Ha resultado paradójico, frente a este retorno, desde la perspectiva hemisférica, la incapacidad de liberarnos del prejuicio anticomunista característico de la guerra fría para comprender el lugar que puede ocupar Rusia en la agenda latinoamericana, dificultad que profesan incluso algunos de los gobiernos más cercanos a este país en nuestra región, cuyos dirigentes creen seguir viendo en su gestión y poder valores y aspiraciones comunistas de tradición “soviética”.
En medio de estas confusiones, las opiniones sobre la agenda Rusia-América Latina elaboran apreciaciones contradictorias y enfrentadas, según la tradición política del medio de comunicación que las difunde, más notorias cuando los jefes de Estado latinoamericanos viajan a Moscú, o funcionarios rusos, de distinto nivel, sostienen reuniones con dirigentes políticos de la región. Entonces, el telón de fondo de la guerra fría sigue agitándose de forma equivocada. El primer paso para valorar de forma provechosa el interés de Rusia es liberarnos de los fantasmas de la guerra fría.
Hemos formulado estas consideraciones porque uno de los temas que puede caer fácilmente en esa óptica corresponde al interés expresado por Medvédev, al cierre de la visita del presidente Daniel Ortega a Moscú, de participar en una eventual construcción del Canal Interoceánico de Nicaragua, megaproyecto de inocultable impacto geoestratégico regional, que debe llamar nuestra atención, muy especialmente por el desarrollo jurídico de la reclamación nicaragüense sobre nuestro archipiélago de San Andrés y Providencia.
Sin embargo ésta es la última de las presiones que viene soportando el Caribe Occidental en particular, por parte de diferentes actores políticos globales durante la primera década del siglo XXI, gracias a sus riquezas naturales, su inocultable importancia en los proyectos transnacionales de conectividad este-oeste y a su lugar en el proceso de integración hemisférica tanto económica como político-militar (en el marco de las nuevas propuestas de seguridad) y física (vías de comunicación).


