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El lado oscuro de la fuerza

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QUERUBE DEL CARMEN HENRÍQUEZ URIETA

Me pareció apropiado utilizar como título de la presente opinión la tan conocida frase empleada en una película conocida en el mundo entero; y es que, la frase en mención, según el argumento de la película, se refiere al uso de las emociones que brinda poder a quien la emplea, pero daña su cuerpo. Pero acaso la característica más significativa del llamado lado oscuro de la fuerza (empleado por los denominados sith) es que se trata de un elemento alineado con el mal y el odio.

Examinando los recientes acontecimientos que se han escenificado en nuestro país en los últimos días, hago una comparación entre la ficción antes mencionada y nuestra cruda realidad; y la verdad, encuentro un parecido sorprendente. Pareciera que cada día en Panamá, más gente opta por unirse al lado oscuro de la fuerza, donde el odio, la intolerancia, el juega vivo y la crueldad son los factores que dominan y los que debes emplear si quieres sobrevivir y “derrotar a tu enemigo”. Panamá se ha convertido en una especie de “guerra entre dos mundos”; un bando, la minoría, está compuesto por seres carentes de valores, víctimas tal vez de las carencias de su entorno familiar y social, pero que han optado (erróneamente) por emplear el odio, el juega vivo y la maldad, para conseguir aquello que por una razón u otra sienten que la vida les ha negado, pero que lo merecen, y hay que obtenerlo al precio que sea.

Constituye un grupo minúsculo de personas que nos mantienen al resto sumidos en un clima permanente de angustia y zozobra, ya sea por la preocupación de convertirnos en sus víctimas o que nos convirtamos en testigos circunstanciales del momento en que emplean sus “técnicas maléficas” en contra de otra persona, estando en el lugar y la hora equivocada, lo cual nos puede costar la vida (ya sea en una balacera, en un robo a un establecimiento comercial, etcétera).

El otro bando, lo conformamos las personas con principios y valores, inculcados con mucho esfuerzo por nuestros padres; quienes nos enseñaron ese sentido de la responsabilidad, el “temor a Dios” y el respeto a la vida y la propiedad privada. Ciudadanos con metas y sueños, que luchamos día a día por cumplirlos y quienes creemos fielmente en que la clave para prevenir la delincuencia está en cumplir ese rol de padre y madre, ya que la educación y el fomento de valores empieza por casa. La desventaja de nosotros, el lado luminoso de la fuerza, es que pareciera que a nuestras ideologías de paz, diálogo y armonía las está venciendo el odio y la violencia del otro bando. La minoría pareciera superar con creces a la mayoría.

El Presidente de la República, al igual que el Ministro de la Presidencia, en recientes declaraciones, manifestaron que el problema de la delincuencia y la inseguridad no es fácil de resolver y que necesitan el apoyo de la ciudadanía. Es momento entonces de unir nuestros esfuerzos y hacer un verdadero plan de defensa. El gobierno debe liderar dicho plan, adoptando de una vez por todas las medidas necesarias y que no hace falta ser un experto en materia de seguridad para saber cuáles deben ser. Y nosotros los ciudadanos debemos aportar lo propio, fomentando los valores en nuestros hijos, vigilando sus amistades y actividades y ejerciendo los controles debidos.

No dejemos que el lado oscuro de la fuerza se posesione sobre Panamá como una nube putrefacta que destile lluvia de terror y maldad. Estamos a tiempo. Que la fuerza nos acompañe.

 

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