J. ENRIQUE CÁCERES-ARRIETA No sé si te has dado cuenta de que desde que somos niños están de moda las gafas “juega vivo”. Son lentes que muchísimos en Panamá y otros países –latinos sobre todo– han estado utilizando desde que tienen uso de razón. Es muy “normal” y consciente usarlas. En realidad, esa marca de gafas es la más vieja y conocida de todas. Puede decirse –sin temor a equivocarse– que las gafas “juega vivo” existen desde la mismísima fundación de la República. Solo que ahora son muchos más los que las usan y muy pocos los que se las quitan.
Esas gafas no son para corregir una afección visual ni para estar despierto e impedir que abusen de tu buena fe, sino que es una mentalidad antisocial para dañar y aprovecharse del prójimo. Es un problema de cosmovisión. De cómo percibimos la vida y a los demás. ¿Sabías que el cerebro tiene un mecanismo de defensa que inventa excusas para justificar el uso de las gafas “juega vivo”? El autoengaño es algo terrible. El usuario de las gafas “juega vivo” no solo perjudica al prójimo, sino que además se menoscaba a sí mismo, pues “si me engañas una vez, es culpa tuya; si me engañas dos veces, es culpa mía”, asegura Anaxágoras. Las gafas “juega vivo” suelen ser usadas por papá al interactuar con sus hijos, mamá con su marido, el esposo con su mujer, ambos con los vecinos. Los hijos han empezado a usarlas por ver que sus papás se las ponen todo el tiempo y porque según mucha gente esas gafas te hacen ver chévere. “Estás a la moda”. Un sinnúmero de familias usa las gafas “juega vivo” porque son gratuitas y nunca pasan de moda. Uno de los lugares donde más son utilizadas es en las empresas cuando sus dueños no pagan lo justo a sus empleados, violando la ley sobre el salario mínimo. De los usuarios de las gafas “juega vivo” escribió Hobbes al expresar que “el hombre es el lobo del hombre”. Por ver gentes con gafas “juega vivo”, Marx y otros pensadores postularon acerca de la libertad del proletariado y de un Estado donde no hubiese clases sociales… ni personas con gafas “juega vivo”. El proyecto fracasó y seguirá fracasando porque también en ese Estado sus dirigentes y los que los apoyan entran a la moda de las gafas “juega vivo”. Ves sujetos con gafas “juega vivo” al notar que otros conductores se cuelan para pasar la luz del semáforo primero que tú. También hay grupos religiosos con gafas “juega vivo” al abusar de un derecho bíblico para enriquecerse ilícitamente. Si allí llueve, en otras áreas no escampa porque incontables profesionales han convertido su profesión no en una fuente para cubrir necesidades existenciales, servir al prójimo y ayudar a la niñez, sino comogeneradora de ganancias deshonestas y constructora del ego. ¿Y los políticos? Es raro el político que no use las gafas “juega vivo”. “Muchos entran limpios y salen millonarios”, decía una propaganda por ahí. A sabiendas, las autoridades de turno no se atreven a quitar las gafas “juega vivo” a los políticos del presente y del pasado, como quien dice: “hoy por ti, mañana por mí”. Las gafas “juega vivo” son usadas en las calles y avenidas del país, y debes cuidarte hasta en tu casa porque pueden “visitarte” unos adultos y menores de edad armados hasta los dientes y con gafas “juega vivo”. No vacilarán en atentar contra tu vida y tu familia si intentas quitarles las gafas “juega vivo”. Ya varias familias han sido víctimas de grupitos organizados empeñados en sumir a la población en el terror. Para acabar con la moda de las gafas “juega vivo” debemos quitárnoslas, porque las creencias -cualesquiera que sean- forman valores y estos determinan la conducta. El cambio de gafas debe principiar por mí, mi familia, el Gobierno, los políticos, empresarios, industriales, profesionales y ciudadanos comunes y corrientes. Toca cambiar las gafas “juega vivo”” por las gafas “amor”. Amor y respeto a uno mismo y al prójimo; amor y temor reverencial a Dios o a tus creencias (todos las tenemos), si eres irreligioso o ateo. Solo así podremos vivir en paz y justicia social.


