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Panamá, ¿educación o minería?. Robin Rovira Cedeño

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Del tiempo que viví en El Salvador recuerdo cómo emigraban los campesinos a la capital, huyendo del conflicto armado. Muchos de ellos lisiados, y sin saber hacer otra cosa que trabajar la tierra. Terminaban, entonces, como mendigos en las calles de la capital.

Panamá nunca ha pasado por una situación política como la que vivió El Salvador; sin embargo, muchos de nuestros campesinos, producto de una economía centralista en la que hemos estado inmersos desde hace mucho tiempo, se han visto forzados a abandonar sus tierras y emigrar a la capital, buscando mejorar su calidad de vida. Y no es que sus tierras hayan dejado de ser fértiles, sino que la economía centralista no ha permitido que los gobiernos se enfoquen en los campesinos y en sus necesidades.

Acá en la capital, estos campesinos, sin saber hacer otra cosa que trabajar la tierra son absorbidos por nuestro ambiente y estilo de vida, y terminan siendo, en muchos casos, una carga social para el Estado. No extraña, entonces, que el sistema carcelario ocupe un renglón significativo dentro del presupuesto nacional. Y así, de este modo, por querer tener un mayor control de las finanzas lo que en realidad causamos es que se incrementen los gastos.

Decía Rabindranath Tagore, famoso humanista de la India, que él amaba las costumbres de su país; pero que había ciertas costumbres o tradiciones que retrasaban el progreso. Un tanto nos sucede a nosotros: amamos las costumbres y tradiciones de nuestro país, pero hay algunas que nos atrasan. No obstante lo anterior, no podemos afectar el medio ambiente del campesino so pretexto de ayudarle en su economía, porque lo que está en juego es demasiado riesgoso y al campesino lo único que le queda es el aire y un pedacito de tierra en donde poner su fogón.

Decía Miguel Ángel Cornejo, en Cade 96, que: “Lo único que podemos hacer por un miserable es educarlo”. La mejor inversión que puede hacer un Gobierno para con los campesinos es educarles. No es una mina (propiamente hablando) lo que mejorará la calidad de vida de nuestros campesinos, sino la educación que ellos reciban. Es decir, la preparación académica que ellos reciban. “Una nación se convierte en aquello que lee”, decía el libertador Simón Bolívar.

Me llama la atención cómo Israel, siendo una nación tan pequeña (20 mil 700 km2) es una potencia, debido a la educación. No a la educación per se, sino a la educación que lleva al hombre a la inventiva. Leía, hace un tiempo, un libro que decía que la mayor parte de los inventos que ha tenido la humanidad han sido hechos por personas con ascendencia judía. No sé qué tan cierto pueda ser esto, pero el solo hecho de que Israel haya convertido el desierto en tierra productiva, una vez establecidos ellos como Nación en 1948, nos dice mucho. Aquí tenemos un Sarigua y corremos el riesgo de otro… u otros.

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