El teatro panameño se remonta desde la colonia y hay evidencias escritas de que en el siglo XIX ya llegaba una buena cantidad de compañías internacionales que se presentaban en Panamá. Allá por el siglo XX, exactamente en el año 1937, se estrenó el Teatro Nacional con la obra la Cucarachita Mandinga, de Rogelio Sinán.
De allí en adelante se presentaron una suerte de obras de autores panameños que dieron inicio a lo que hoy es el teatro panameño. Su evolución a partir de esa fecha ha sido, sin duda, una apuesta para ganar, tanto por los directores, productores como por todo el elenco que se involucra en la puesta en escena de una obra de teatro.
En Panamá hay seis salas oficiales en las que se montan obras de teatro casi sin parar a lo largo del año y se ponen en escena casi la semana completa, cuando en las ciudades grandes el teatro solo se presenta de jueves a domingo.
Contamos con 30 productores que trabajan como verdaderos héroes, muchas veces haciendo de actores o actrices con el ánimo de presentar una obra que entretenga y envíe un mensaje, sin medir si será redituable o no.
Eso no es lo importante, aquí lo verdaderamente importante es hacer una buena la valoración, es realizar de manera constante un homenaje a la actuación que cada día es mejor, sin la necesidad de la contratación de actores y actrices extranjeros, porque los nuestros son tan buenos como los mejores y creo que ya va siendo hora de exportar nuestras maravillosas obras. Sin embargo, esto no es limitante para que, de tanto en tanto, se traiga a un actor extranjero invitado o, en cualquier caso, se integre a los actores extranjeros que habitan en el país. A ellos se les invita y se les tiene como parte de la familia del teatro panameño.
El montaje de una obra no es nada fácil. Los productores integran más de una docena de compañías teatrales que, basada en patrocinios o en apostar su propio dinero, montan determinada obra. Los costos de producción puede ir desde 5 mil hasta 125 mil dólares, cuando se trata de un gran espectáculo que conlleva elementos que suman, como fue poner en escena Jesucristo Súper Star o Aladino, obra ganadora de los Premios Escena 2010.
Son muchos los héroes anónimos que hay en esta industria, pero habría que destacar el trabajo continuado de Beby Torrijos y sus hijas Anina y Aurea Horta, quienes, por muchos años y sin descanso, presentaron distintas obras y apostaron mucho por el teatro infantil, además de que ofrecen cursos de actuación, al igual que se hace en el teatro La Quadra. Hoy tenemos 20 niños actuando con premios a su favor.
Igualmente, resaltamos la incansable labor de Maritza Diez de Morales, quien fue una de las iniciadoras del Teatro en Círculo, que ya cumplió 50 años, gracias a la generosidad de las distintas personas que trabajaron para que fuera lo que es hoy día, un gran teatro, un teatro de lujo.
Lastimosamente, este arte es para un grupo reducido de personas e igual que otras formas de expresión cultural en Panamá, no es de consumo masivo. No obstante, el teatro es una industria que genera muchos empleos y que mueve anualmente, aproximadamente, millón y medio de dólares, costeados por los propios empresarios, sin ayuda de nadie más, financiado a pulso y con base a donaciones.
Otra cosa que es importante destacar es que nadie vive del teatro en nuestro país, es una actividad que se lleva en la sangre, que se nace con ella y, por eso, estos maravillosos hombres y mujeres que trabajan lo hacen por un profundo amor a la actuación y por los aplausos merecidos que les dan después de cada función.
Para dar una cifra, el año pasado se presentaron 71 obras de teatro, de las cuales 25 fueron dramas, 6 obras experimentales, 24 comedias y 10 obras infantiles, dirigidas todas por alguno de los 24 directores de teatro, ya consolidados.
Seguramente, nos suenan al oído nombres como el de Edwin Cedeño, Bruce Quinn y Beby Torrijos, quienes indiscutiblemente se han formado como excelentes directores y hoy día están haciendo ruido en las tablas.
A aquellos que alguna vez pensaron que aquí solo se presentaban comedias, debo decirles que no es así, al igual que las comedias, se presentan obras dramáticas y otras especialmente dirigidas al público infantil.
Tenemos que seguir apostando por el teatro, nuestro teatro. Ese que nos entretiene y nos da una alternativa cultural de las mejores.


