Muchísima gente sensata se ha manifestado por escrito y oralmente, y se mantiene manifestando en contra de la construcción de una torre financiera en plena Avenida Balboa, contigua al célebre hospital Santo Tomás, y a la fila de edificios de condominios de lujo y mucho lujo que se construyen y se han construido frente a la cinta costera, con vista panorámica a la bahía de Panamá.
Las objeciones de contundente peso señalan que tal edificación aumentaría el congestionamiento vial del sector, es innecesaria, es un despilfarro de dinero; mientras que, simultáneamente, se niega una indemnización obligante a los envenenados con medicamentos (dietilene glycol) de la Caja de Seguro Social –por citar un ejemplo–; obliga a trasladar unas instalaciones del hospital a otro lugar separado de instalaciones hospitalarias; invade terrenos del hospital para construir estacionamientos subterráneos; causa afectación a una obra histórica, fruto de la visión de un gran estadista y de su legado a la nacionalidad; constituye una punta de lanza para que el día de mañana, con cualquier pretexto, se aprueben nuevos proyectos de más torres en los terrenos de los jardines del hospital frente a la Ave. Balboa, alegando que estos son innecesarios y que su no uso en construcciones de edificios es un desperdicio de un recurso del Estado.
Los propulsores de un exabrupto como el descrito hasta podrían pretender mudar el hospital entero a otro lugar, conjuntamente con el Hospital del Niño, echando por la borda todas la inversiones que se han realizado en ambos hospitales y volcando al basurero del olvido el significado histórico de su construcción y la posterior interconexión de dos casas de salud para salvar vidas de niños recién nacidos y no para lujo o para actividades comerciales y burocráticas.
Para muchos observadores, el verdadero objetivo de la construcción de tal adefesio, no es otro que el de hacer un codicioso negocio particular, a costa del patrimonio material, cultural y espiritual de la nación, con un discutible e impráctico beneficio a esta y a los que gestionaron asuntos con el Estado.
En lo que a obras públicas se refiere, contrasta la negatividad de este proyecto con la positividad de la rehabilitación, ensanche, mejoramiento y construcción de calles y carreteras; la reconstrucción de la barriada bruja de Curundú; la construcción de un Metro y la continuación de la cinta costera hasta la terminación actual, desde donde tal vez con un tramo marino –como el del Corredor Sur– se podría conectar con la Avenida de los Poetas para mejorar la vialidad hacia y desde el Puente de las Américas a la ciudad, sin afectar el valor histórico y turístico del Casco Antiguo, rodeándolo y realzándolo.
Del mismo modo como se plantea salvar el Casco Antiguo, como patrimonio de la humanidad, de su depredación o desfiguración por “empresarios”, sin estorbar el mejoramiento de la vialidad, resulta imperativo salvar todas las instalaciones y terrenos de los hospitales Santo Tomás y del Niño de su depredación o traslado, o de su afectación por innecesario incremento de la vialidad, por ser, al menos, patrimonio de la nacionalidad.


