IRVING H. BENNETT N. Benito el Bueno, así lo veo yo. Joseph Ratzinger y Karol Wojtyla colaboraron junto a Marcos Gregorio McGrath en la elaboración de la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual.
Esto le dio a este genial teólogo una visión muy íntima del sentido del Vaticano II y le ha permitido entender de cerca el nuevo rumbo de la Iglesia. Su colaboración cercana con Juan Pablo Magno le ha permitido seguir la línea demarcada por los Papas desde Juan XXIII hasta el momento. Ya su teología previa a su elección como Papa era magnífica y esa elección la ha hecho mucho más importante. Su desarrollo posterior es un aporte invaluable al magisterio de la Iglesia y una reafirmación del enorme legado de Juan Pablo Magno. Su contribución a mantener el rumbo de la Iglesia por el camino correcto es indiscutible para cualquiera que conozca la Iglesia bien. Antes del Vaticano II era reconocido como un teólogo innovador, ahora, según afirma el teólogo cisterciense Maximilian Heinrich Heim, “Ratzinger debe ser entendido no sólo como experto de la eclesiología conciliar, sino como uno que ayudó a darle forma”. Entonces, ¿por qué esta feroz persecución en contra de este Papa santo y extraordinario? Las lecturas propias de la liturgia de este tiempo nos dan la clave. Nos relatan la terrible persecución que ha tenido la Iglesia desde su inicio con la crucifixión de Jesús y la lapidación de Esteban. Vemos a Pedro denunciando al Sanedrín a sus caras por el homicidio de Jesús y cómo ellos rechinaban sus dientes de rabia. Y así también con la cultura pagana de la época que merece este juicio de los cristianos tal como lo expone San Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios”. (1 Cor, 9-10). La ira que provocaban esos señalamientos le valió a los cristianos no sólo la acusación de que comían niños en sus celebraciones litúrgicas, y eso de una civilización que exponía a sus hijos a la intemperie para que murieran, sino también el martirio en el Circo Romano. Hoy, que una cultura neopagana (de la que no están exentos muchos de la misma Iglesia) agrede con furia a la judeocristiana, resurge desbocada la ira, la calumnia y la persecución. Bienvenida sea. La sangre de los mártires siempre ha sido semilla de cristianos y la Iglesia hoy se fortalece y robustece en la persecución. Para muchos quienes vieron en el Concilio una apertura para hacer cualquier cosa que se les ocurriera, el Cardenal Ratzinger parece una reliquia de un pasado lamentable. Muchos creen que se debilita la Iglesia porque la ven perder el exceso de grasa, pero no ven el músculo que crece en su interior. La Iglesia hoy vibra con una renovación profunda que surge con el Vaticano II. Mucho más dolorosa que la persecución de afuera es la que surge en su interior de una porción del clero y del laicado rebelde. Pues, que rechinan de rabia porque no se apruebe que den rienda suelta a sus bajos instintos.


