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En busca del genoma de la economía. Rubén Lachman Varela

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Así mismo como al genoma lo podemos equiparar con una vasta información donde se encuentra la indicación que determina la constitución, funcionamiento, herencia y la susceptibilidades de nuestros cuerpos, la economía de un país debe contar con una inmensa fuente de información donde se encuentran sus parámetros de funcionamiento, evolución histórica y las reacciones que esta puede tener ante cambios exógenos, a partir de una situación que podríamos definir como su acostumbrado sistema operativo.

Establecido el paradigma, me pregunto si contamos con la necesaria información para comprender el patrón de funcionamiento de nuestra economía, su devenir histórico y las repercusiones que tendrán los cada vez más numerosos sectores emergentes de esta economía, en su incidencia sobre el resto del país, por la dinámica de la interacción entre todos sus componentes, naturalmente, con sus consecuencias sociales.

Por su posición geográfica, poco a poco, la economía panameña ha llegado a caracterizarse por contar con un 80% de su producto interno bruto (PIB) de actividades económicas especializados en servicios. El 81% de nuestras exportaciones también obedecen a servicios.

En el año 2009 la agricultura cayó en –8.6%, la industria en –0.3%, y el transporte, almacenamiento y comunicaciones crecieron en 8.3% (entre los que se destacan el Canal, los puertos, el transporte por vía aérea y las telecomunicaciones, entre otros). Según la Autoridad de Turismo de Panamá, el gasto en turismo habría representado en ese mismo año, el 9.7% del PIB a precios corrientes. Aunque la comparación no es exacta, se puede afirmar que el Canal ese año contribuyó en menor escala que el turismo, con el 6.1% del PIB.

Con la ampliación del Canal y la conformación de toda una plataforma de servicios internacionales, en los que la logística para el comercio mundial representa uno de los más poderosos anclas, la economía panameña definitivamente está cambiando tal como lo visualizábamos desde principios de la década de 1970, y la gran interrogante en ese momento era que si el país se estaba “singapurizando”, cuando veíamos llegar la reversión y desaparición de la antigua Zona del Canal, lo que aumentaba nuestra participación en algo que en esa época no se mencionaba: la globalización.

Ahora, además, exportamos edificios; extranjeros buscan radicarse en Panamá y se prioriza la minería, lo que incluye la flexibilización de la explotación petrolera. También resulta que la inflación, fenómeno que antes ni siquiera estaba en nuestro vocabulario regular, ahora castiga al consumidor debido a lo que los economistas llamamos el “recalentamiento”, y es que aumenta el crecimiento económico y el empleo, mientras producto de una educación antediluviana, nos vemos obligados a importar recursos humanos.

Sin embargo, nada de lo que he propuesto hasta el momento es necesariamente malo en sí. Panamá es considerada, como una de las economías más prósperas y con mayor potencial en el mundo. Pero mientras el PIB per cápita aumenta, lo mismo hace la pobreza y el malestar social, lo que es producto, en última instancia, de una mala distribución de la riqueza. O lo que según mi concepto es más exacto: se produce una desigual productividad en la economía, lo que a su vez afecta en especial a los asalariados. La pregunta de fondo, y es lo que le da el nombre a este breve artículo, es si realmente todos estamos comprendiendo bien lo que está sucediendo y sucederá en la economía de Panamá para poder estar preparados.

En todo este contexto, si alguien deseara alcanzar una mejor comprensión de lo que ocurre en la economía por la vía de las Cuentas Nacionales (y esto no es una crítica al excelente personal que hace lo mejor en el Instituto Nacional de Estadística y Censo), resulta que podríamos enterarnos de cuál es el PIB del frijol y del ganado caballar, pero no tendríamos la menor idea de qué representan las líneas navieras, el suministro a barcos, los servicios legales prestados por los abogados al sector marítimo, la Ciudad del Saber, entre muchos casos, y esas son las actividades emergentes que van configurando la economía de Panamá.

Peor aún no tenemos acceso a la información sobre qué le vende quién a quién. Es decir, las relaciones intersectoriales. Así se dificulta mucho la búsqueda de oportunidades y es difícil detectar los cuellos de botella. No es casual que no contamos con la infraestructura necesaria para que el país desarrolle su potencial; no hay agua, la basura abunda y en suma, no hay un sistema de funcionamiento urbano que propicie el desarrollo económico y social, a pesar de todas las potencialidades del país.

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