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Los bancos y la deuda social: Luis Pinto Zamora

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La economía panameña tiene un esquema distorsionado en el que los ingresos totales no se reflejan en el desarrollo social y económico de los desfavorecidos.

No es raro que sectores “de dudosa reputación” sí participen dentro del “mecanismo bancario todo poderoso” que, como en los tiempos del imperio romano, decidirá quién vive y quién deberá morir.

De forma implícita para los bancos, “dinero es dinero”, en el mejor de los casos, tal vez provenga de las estocadas mortales que asestan a sus clientes con altos intereses en tarjetas de crédito, por la jurisdicción coactiva u otras vías similares.

¡Espere un momento!, dirán ustedes, “eso lo sabe todo el mundo, los estadounidenses siempre nos han considerado paraíso fiscal y otras cosas peores”, pero el punto es que sigue vigente aquella pregunta que le hiciéramos a un señor banquero de apellido Osa hace varios años, a mediados de los 90, en un grupo de trabajo sobre los acuerdos del GAAT, hoy OMC, evento auspiciado por la Fundación Ande. Cuando el banquero Osa dijo: “en Panamá ya no tenemos nada más que hacer que mirar hacia fuera y atraer la inversión extranjera”, mi reacción, como hombre del campo, fue decirle respetuosamente: “yo no estoy de acuerdo con eso” y, entonces, le pregunté, ¿Cuánto invierte la banca de sus ganancias para el desarrollo científico y la transferencia tecnológica en el sector primario de la economía?, es decir en el agro. La respuesta fue un sepulcral silencio, tal vez si hubiera estado de moda el marketing de la “responsabilidad social empresarial”, Osa me habría dicho que están equipando escuelas con computadoras y que les llevaron a Santa Claus en Navidad y que donaron “confites de palito” y que toda la prensa estuvo presente.

Si hemos de ser sinceros, los bancos están atrasados en su deuda social, porque más allá de los negocios, ellos deberían atacar las causas de la inequidad de nuestro sistema. Por ejemplo, tenemos una economía que le otorga privilegios al sector secundario-comercial por encima del sector primario-agropecuario, propiciando que el intermediario obtenga grandes ganancias a costillas de la pobreza del productor y de altos precios al consumidor.

Este es un sistema “autofágico” y caníbal de quienes viven del comercio. Tal vez no sea culpa del productor el tener una cadena de producción y distribución poco eficiente ni tecnificada, con poco valor agregado y encima compitiendo con los importadores.

Quisiera ver un día en que las sociedades bancarias comiencen a cultivar realmente los “cerebros nacionales”, como hacen los países desarrollados, quienes andan haciendo siempre su scouting para llevárselos y en lugar de ello, que sean los bancos, de sus propias ganancias, sin tanto protagonismo ni tanto show mediático, los que les den todo su respaldo a nuestros mejores profesionales para “ponerlos a generar y difundir abiertamente y de forma directa todo el conocimiento y la tecnología apropiada a nuestro entorno”, mejorando la calidad de vida y los ingresos a todos los hombres y mujeres trabajadores, ellos necesitan nuevas oportunidades, empezando por los productores quienes garantizan la seguridad y libertad agroalimentaria y son los principales reforestadores y defensores de la naturaleza en Panamá.

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