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Matando la producción nacional. Olmedo Beluche

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El gobierno de Martinelli se dispone a recibir la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, negociado por Martín Torrijos. El afecto de ambos gobiernos por este tratado muestra que, al margen de las siglas políticas, controlan los mismos grupos económicos, banqueros y comerciantes importadores.

La esencia del TLC es la condena a muerte del sector productivo nacional, en particular el agro, en un plazo de 20 años, porque implica la apertura del mercado interno a la importación libre de impuestos, de mercancías norteamericanas, contra las que no podrán competir nuestros productores. Si en los últimos años, gracias a los criterios neoliberales, ha desaparecido un tercio de la tierra cultivable del país, cuando el TLC esté en plena vigencia no quedará nada.

Salvo el azúcar, en el resto de los rubros lo que el Gobierno panameño presenta como “logros” es atenuar el golpe en el tiempo, mediante: 1. “Desgravación lineal”, bajar los aranceles un poco cada año, pero de manera progresiva; 2. “Período de gracia”, espacios de tiempo en que no se bajarán los aranceles; 3. “Sistemas de cuotas” en algunos rubros se fijó un límite a las importaciones hasta 2028; 4. “Salvaguardia especial”, cuando un producto se vea muy afectado por la competencia se podrá revertir al nivel arancelario anterior, pero acaba a los 20 años; y 5. “Exclusión técnica”, en la que no habrá plazos para eliminar aranceles, salvo el plazo fatal.

Leamos: “A la entrada en vigencia del TPC, en materia agrícola, Panamá desgravará de manera inmediata cerca del 67% del universo arancelario; un 8.5% del universo arancelario se desgravará en cinco años; un 9.8% del universo arancelario se desgravará en plazos de hasta 10 años; y un 14.6% en plazos superiores a 10 años y 0.1% (papa y cebolla) no se desgrava en absoluto. Por otro lado, Estados Unidos desgrava de manera inmediata cerca del 88% del universo arancelario y el 22% restante se desgrava en plazos entre 5 y 17 años”.

Y sigue: “Entre los productos que Estados Unidos se beneficia de una cuota de acceso a nuestro mercado tenemos: poroto, tomate procesado, maíz, papa fresca, papa troceada, cebolla, aceite de maíz, productos lácteos, cerdo, arroz, muslo y encuentro de pollo”.

Este tratado nos recuerda al nefasto Hay-Bunau Varilla, no solo porque se firmó en inglés, sino por el “Panamá cede”. Sin considerar que los TLC no se reducen a acuerdos comerciales, sino que implican una multiplicidad de aspectos que afectan la economía nacional: leyes de patentes, licitaciones públicas, movilidad de fuerza laboral, trato de nación más favorecida, etc.

Véanse los efectos del Nafta sobre México, como la destrucción de millones de puestos de trabajo en el sector agrícola, además de perder la autosuficiencia alimentaria en productos como el maíz. No nos oponemos a acuerdos comerciales ni promovemos un modelo autárquico. Eso sería absurdo en un mundo interdependiente. Estamos de acuerdo en el comercio justo, equilibrado y equitativo en el que las partes ganen algo. Pero en un matrimonio entre un señor gordo de dos metros de alto y una señora flaquita de un metro con 50 no hay equilibrio.

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