Se debate con insistencia la necesidad de que Panamá imprima un giro de timón a su sector agrícola. Pero, ¿cómo hacerlo y hacia dónde orientar al sector? La esencia del problema reside en lograr un cambio de paradigma o del modelo que se ha venido empleando. A la fecha, la política agrícola tiene algunos resabios proteccionistas que orientan, preferentemente, la producción al mercado interno.
Esta situación presenta varias limitantes. De alguna forma, esta medida implica un alto grado de ineficiencia, por lo cual no se logran resolver significativamente los problemas de pobreza rural.
Otra limitante es que el mercado nacional crece a un ritmo relativamente pequeño, lo cual implica que este por sí solo no ayudará a mejorar ni los ingresos de los productores ni la producción nacional.
En este sentido, es importante destacar el esfuerzo de las autoridades sectoriales por llevar a cabo las políticas hacia el sector, contenidas en el Plan Estratégico 2010-2014, como la creación de una institución para la comercialización, la ampliación de la irrigación, la construcción de carreteras de producción y acceso, el desarrollo de la cadena de frío y la reestructuración de las políticas de incentivos y asistencia. Políticas que permitan a los consumidores acceso a productos de alta calidad a precios competitivos.
En el año 2008, las exportaciones agropecuarias panameñas representaron el 46% del total de bienes exportados, donde el 73% fue fruta no tradicional (banano) y productos hortícolas y raíces. De acuerdo con esta dinámica, se requiere por tanto profundizar la política diversificación de la oferta exportable hacia productos que contengan un mayor valor agregado, mejorando el precio y la calidad de los mismos. Con los acuerdos comerciales, se abre la posibilidad de aumentar las exportaciones.
De esta forma, se requiere que la producción nacional profundice y enfatice hacia productos como café, cucurbitáceas (melones, sandías, piñas y zapallos), producción hidropónica (producción en agua) y otros que obtienen un mejor precio en el mercado internacional, y que pueden ser orientados hacia nichos de países en donde hay consumidores sofisticados que gozan de altos niveles de ingreso. En los años 2003-2008, crecieron significativamente las exportaciones de productos no tradicionales que causaron un efecto altamente positivo en las provincias centrales, tanto en la producción como en la generación de empleo.
En esta línea, se requerirá una política profunda del Estado para reconvertir una serie de productos nacionales hacia esta oferta exportable. Entre otras se requiere tecnología, facilidades de créditos agropecuarios y capacitación para reforzar la fase de producción, distribución y penetración de nuevos mercados para las exportaciones panameñas. Igualmente, se requiere de la formación de los llamados conglomerados agrícolas que refuerzan los diversos eslabones de la producción.
Esta transformación o transición tiene que ser progresiva y estar enfocada primero en ayudar a los pequeños o medianos productores, lo que permitiría lograr simultáneamente objetivos, como la reducción de la pobreza y la desigualdad del ingreso. En todo caso, si se quiere proteger y ayudar que sea a los micro y pequeños productores. Como resultado de esta transformación o reconversión, mejorarían los ingresos de este segmento de la población.
Si bien en Panamá durante los últimos años ha habido una merma o caída en las exportaciones agrícolas, ello es el resultado de comportamientos cíclicos que son normales (y previsibles hasta cierto grado) del mercado mundial. La estrategia más efectiva en este caso consistiría en orientar los productores a diversificar sus destinos de exportación y capacitarlos para que puedan capitalizar en momentos en que los precios de sus productos están altos, e invertir en tecnología para ser más eficientes cuando los precios bajen.
Con el propósito de mejorar la productividad agrícola, el Mida dentro de su Plan de Acción Estratégico 2010-2014 fortalece el Fideicomiso para la Competitividad valorado en unos 40 millones de balboas, con el objetivo de brindar asistencia financiera y no financiera a productores de artículos que requieran elevar la productividad frente a la apertura de mercados, beneficiando a productores que realicen actividades que eleven la productividad y/o competitividad de sectores agropecuarios.


