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El estándar de oro en Utah John A. Bennett N.

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En nuestro patio, igual que en Estados Unidos, como es el caso con el presidente de la FED, Ben Bernanke, hablar del regreso a un patrón oro es sacrilegio; es sensacionalismo y es crear pánico. Pero parece que ya no son pocos los que están considerando esta alternativa, frente a una crisis que lejos de ir menguando, parece arremeter como el tsunami en Japón. Si algunos no están convencidos de la posibilidad hiperinflacionaria, sepan que 17 de siete senadores en Utah pasaron una ley que acerca a dicho estado hacia el estándar de oro y plata. La ley permite a empresarios e individuos realizar intercambios por medio de monedas de oro y plata en vez de papel moneda.

Esos metales serían usados con base en su valor de mercado, con lo cual las cajeras tendrán que tener sus cajas registradoras ligadas al sitio internet de Kitco, un programa que permite estar al día en el precio de los metales.

Parece que los de Utah han tomado las recomendaciones del representante de Texas en el Senado, Ron Paul; pero todavía falta ver cómo ven esto en el Senado. Recordemos que en 1933, Franklin D. Roosevelt confiscó todo el oro en barras y monedas que tenían los ciudadanos en sus bancos y a cambio les dio lindos papelitos verdes que decían valer tanto en peso oro. Esto funcionó más o menos bien, pues limitaba en algo la emisión desbocada, ya que el dólar seguía ligado al oro en las bóvedas federales. Supuestamente, uno podía ir a las bóvedas y pedir el oro. Peor aún fue que se prohibió la tenencia de oro y plata en lingotes; salvo en el caso de dentistería y joyería. Lo cierto es que el Gobierno les robó el oro a los ciudadanos y a cambio les entregó papel.

Luego, en 1971, tras otra crisis económica, Nixon desligó por completo el oro y la plata del papel moneda y en adelante el valor de cada billete es un valor fíat o “de confiar”.

La movida de Utah es simbólica, diseñada para enviar un mensaje a Washington, puesto que la ley federal obliga a quien lleva a cabo transacciones en estos metales a informar al Gobierno. El asunto está en que si se viene la hiperinflación, de pronto y aún con la ley de informar, bien puede valer la pena. Y ya hasta empresas como J.P. Morgan han comenzado a aceptar el oro como garantía prestataria.

Las implicaciones de todo esto son fascinantes. Por ejemplo, si las empresas pudiesen pagar a sus empleados con oro y plata, y estos depositarlos en su banco; entonces esos bancos podrían permitir el manejo de créditos en plástico, y mientras el dólar se desplomara, los valores en oro y plata seguramente subirían en valor. Además, se eliminaría el problema de la pérdida en el valor adquisitivo y ahorros de trabajadores e inversionistas.

En el caso de Panamá, como no hay moneda de curso forzoso, sería posible emigrar a un sistema monetario como éste y evitar que caigamos en una vorágine hiperinflacionaria. Y quizás a diferencia de EU, en donde Bernanke dice que no hay suficiente oro para irse a un patrón oro, en Panamá sí podríamos hacerlo.

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