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Biocombustibles, nuestra alternativa. Carlos David Abadía Abad

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Nuevamente estamos en una crisis energética por el alto precio de los combustibles, y sin saber qué vamos hacer. Solo nos queda quejarnos y rogar para que esta crisis no se agrave, lo que parece difícil.

Vienen, van y regresan estas crisis y nosotros seguimos con las manos cruzadas. Ha llegado el momento de tomar la iniciativa para enfrentar este fenómeno, sobre el que no tenemos el menor control, porque somos 100% dependientes; llegó la hora de actuar y el único camino es utilizar los biocombustibles, tal como se hace en otros países desde hace más de seis décadas.

Todo indica que este gobierno está decidido a apoyar esta iniciativa, porque hace dos semanas presentó el proyecto de ley para normar la producción de biocombustibles y biogás, ahora en espera de que la Asamblea le dé el trámite pertinente.

El gobierno anterior firmó un convenio con Brasil, uno de los países líderes en la producción de biocombustibles e interesado en apoyarnos, que exigía –como es lógico– una ley que lo permitiera y lo reglamentara. Dicho convenio estuvo a punto de vencer, cuando el actual gobierno lo rescató y tomó este paso fundamental.

Nuestra importación de combustibles supera los 2 mil millones de dólares al año; producir un 20% representaría 400 millones de dólares, pero no hay industria en nuestro país que llegue a esa cifra. Esto podemos alcanzarlo dentro de cinco o seis años, teniendo producción inmediata y a corto plazo (entre dos y tres años como máximo), con cifras importantes.

El etanol se puede producir a partir de la caña de azúcar y del sorgo dulce, este último se puede cultivar en tierras poco productivas, logrando cosechas cada 100 días, o sea, tres veces al año. El proyecto de ley presentado en la Asamblea contempla que, a partir de abril de 2013, la gasolina contenga un 2% de etanol, y en 2016 esta proporción sea de 10%, con la posibilidad de un mayor porcentaje si, para ese momento, los avances tecnológicos lo permiten sin necesidad de reformar el motor de los vehículos.

En Brasil, desde hace más de 60 años se emplea esa proporción en la gasolina, y desde la década de 1980 se cuenta con automóviles que funcionan con 100% etanol, estos representan hoy el 80% de los vehículos que recorren las carreteras de ese país.

Por otra parte, el biodiésel se puede producir a partir de aceite de cocina usado, el cebo del ganado vacuno, la piel del pollo, de la jatropha (llamada coquillo en nuestro país) y de la higuerilla.

En otros países, también, se produce biodiésel a partir de microalgas, que dan mayor rendimiento por hectárea. Esta producción requiere de una inversión inicial muy alta, pero se compensa no solo financieramente, sino que al “independizarnos”, energéticamente hablando, generamos riquezas, mejoramos nuestra balanza comercial y, lo más importante, mejoramos nuestro medio ambiente.

Todo vehículo de diésel fabricado a partir de 1998 no presenta ningún problema para usar biodiésel al 100%, tenemos las muestras de esto. Pero lo ideal sería que empleáramos biodiésel al 20%, para permitir que una mayor cantidad de vehículos puedan usarlo, mientras vamos aumentando su producción. Solo con ese porcentaje se mejora en un 30% el vertido de los contaminantes que produce el diésel.

Todo indica que continuará aumentando el precio de los combustibles o, en el mejor de los casos, se mantendrá a los niveles actuales, que ya son altos. Señalamos esto, no solo por los problemas que enfrentan algunos de los países productores de petróleo, sino por el desastre natural en Japón que llevó al cierre de algunas plantas nucleares. Todo indica que ese país tendrá que importar petróleo para generar electricidad. La comunidad europea, también, evalúa el uso de energía de estas plantas y el cierre de algunas de ellas, todo lo que obliga a esos países (grandes consumidores de energía eléctrica y sin recursos hidráulicos suficientes para generarla), a incrementar el uso de los derivados del petróleo para producirla. En consecuencia, esto supondrá un mayor consumo de petróleo y un alza mayor en los precios.

El Gobierno ha dado el primer paso correcto en esta vía, al presentar el proyecto de ley de biocombustibles, ahora nos queda apoyar todas las iniciativas para que empecemos a producir nuestro petróleo verde y caminemos hacia nuestra independencia energética.

Les aseguro que esto no es una utopía, desde hace cuatro años le he dado seguimiento al tema y he aprendido mucho al respecto, y no solo en teoría, porque ya incursionamos en este mundo fascinante y con un presente inimaginable.

 

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