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Más sobre las guerrillas. Guillermo Sánchez Borbón

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Al día siguiente de habernos instalado en la casa de los Eleta, suegros de Roberto Brenes, éste y yo fuimos a buscar a los veteranos de la lucha armada. Al primero que localizamos fue al ex guerrillero Santiago Cubilla, quien nos llevó a los sitios donde habían batido –con armas de bajo calibre– a una Guardia Nacional armada hasta los dientes, y señalándonos aquellos en los que los gorilas asesinaron a personas, que si bien eran arnulfistas, no luchaban en la guerrilla. La Comisión de la Verdad, designada por la presidenta Mireya Moscoso, localizó y exhumó los cadáveres sepultados en tumbas anónimas por asesinos de la Guardia Nacional. No recuerdo la cifra exacta, pero sumada a las víctimas de otras regiones del país, era enorme.

En la tarde nos reunimos con él y otros dos veteranos de la lucha armada: Rubén Mojica y Elías Suira. Ninguno de los veteranos aceptaba la designación de guerrilleros, porque –como lo explicó Onofre Quintero Sánchez a Iván Flores– les sonaba a Cuba y a comunistas, y ninguno de ellos lo era. Todos –arnulfistas– luchaban por el restablecimiento de la democracia en Panamá y para que le devolvieran el poder a su líder.

Como frecuentaban las zonas limítrofes con Costa Rica (y hasta entraban en suelo tico), un día las autoridades de ese país los internaron (junto con 28 campesinos partidarios del Dr. Arias). Estuvieron allá no en calidad de prisioneros, sino de internados, para evitarle complicaciones internacionales al Gobierno tico. Técnicamente, estaban presos, pero podían salir a caminar y hasta ir al cine, siempre y cuando regresaran a la cárcel antes de la caída de la noche. Pero ellos soñaban con volver a Panamá para luchar contra los usurpadores del poder. De los entrevistados, uno tenía 18 años de edad y otro 19 cuando se incorporaron a la guerrilla y participaron en los grandes combates contra la Guardia.

La primera batalla de importancia se libró muy cerca del sitio donde se levantaba la casa de los Eleta. Bajo la dirección de Ariosto González, los guerrilleros se trabaron en un combate feroz contra la Guardia. Y la derrotaron. Los guardias salieron en estampida, con el rabo entre las piernas. Repito que no conozco la cifra exacta de sus muertos, pero sé que fueron demasiados para el pequeño país que había vivido en paz desde que se independizó de Colombia en 1903.

En cuanto a nuestros guerrilleros arnulfistas, participaron en este combate bajo el liderazgo de Ariosto González. Después de la muerte de Ariosto, Papucho Mojica asumió el mando, y unió sus huestes a las del uruguayo Walter Sardiñas. El costarricense Osito Solano (a quien me referí en el artículo anterior) formaba parte de este grupo. Todos los entrevistados lo recordaban con mucho afecto. La mayoría de los miembros de este grupo (según el testimonio de los entrevistados) procedían de Volcán, Bambito y Cerro Punta.

Según los veteranos, Suira y Mojica, “Sardiñas desconfiaba de este grupo y, sorpresivamente, los desarmó y detuvo” (según la fiel versión de sus palabras que anotó Brenes) y trató de negociarlos, entregándoselos “a la Guardia Rural tica, que a su vez los entregaba por dinero a los policías panameños. El negocio no se llevó a cabo”, de acuerdo con las notas de Brenes sobre la reunión, “porque la Guardia Civil [tica] (distinta de la rural) se dio cuenta de la cruel transacción y la frustró, dejando libres a los guerrilleros”. Al final daré mi opinión sobre Sardiñas, de quien sé bastante.

El 15 de enero del año en curso, como escribió Brenes, “nos entrevistamos con los guerrilleros de Volcán, convocados por el periodista Iván Flores, coautor del [interesantísimo] folleto Onofre Quintero Sánchez. Vida y muerte de un guerrillero. Nos reunimos con Bartolo Famanías y Alberto Lescuro, ambos ex combatientes. En la reunión estuvo presente Ramón Mauricio Mojica, hijo de Ramón Mojica, “único guerrillero muerto en el asalto al cuartel de Piedra Candela” (Brenes).

El 13 de octubre de 1968, frente a la escuela de Volcán, se produjo el bautizo de fuego de ese grupo. Después del combate, los noveles guerrilleros se internaron en la montaña. Como escribió Brenes, “Se movían en un arco que iba de Tizingal–Bambito–Río Colorado y Piedra Candela, dándose escaramuzas a lo largo de estos sitios. Estos guerrilleros fueron liderados por Ariosto González y Onofre Quintero Sánchez. Ariosto era un hombre de montaña y estratega, mientras que Onofre siempre fue un hombre de campo”.

Estos veteranos tenían una buena opinión de Sardiñas.

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