Friday, May 18th

Actualizado a las05:23:25 PM GMT

You are here:

Onofre Quintero Sánchez. Guillermo Sánchez Borbón

E-mail Imprimir PDF

Osvaldo Iván Flores C. y Osvaldo Iván Flores G. de Volcán, escribieron una interesantísima biografía de Onofre Quintero Sánchez, que es la fuente de este artículo. Las frases entrecomilladas son textualmente de los autores mencionados. Las demás también tienen el mismo origen, aunque por razones de espacio me vi obligado a resumir algunas de ellas.

La vida de Onofre es la de un obrero altamente cualificado. La toma de posesión de Arnulfo fue celebrada ruidosamente por sus partidarios. Como casi todos los panameños, en la noche del mismo 11 de octubre se enteró de que lo habían derrocado. Cuando en la mañana del 12 de octubre fue a trabajar, su jefe le advirtió que la Policía lo andaba buscando. Onofre tomó las de Villadiego.

Él y otros amigos decidieron luchar por el restablecimiento de la democracia. Lograron reunir tres escopetas, calibres 12, 16 y 20, respectivamente. Intercambiaron disparos con un radio patrulla, cuyos ocupantes se dieron a la fuga. Luego nuestros arnulfistas emprendieron una larga caminata. “Esa misma noche nos enteramos de que en el área se encontraban Stañin Hartman, Aguedón Hartman, Luis Hartman y su esposa Faustina Nina Quintero (mi tía), panameñistas auténticos, también perseguidos. Los Hartman querían que nuestro grupo atacara a la Guardia Nacional. Pero les recordamos que las armas las habíamos entregado y además no podíamos enfrentarnos con escopetas a una fuerza superiormente armada”.

“Ese mismo día llegó la policía costarricense”, en cuyo territorio se habían internado. Después de algunas vicisitudes, los trasladaron a San José. Fue una prisión muy benigna. Les permitían salir a pasear a la ciudad y hasta a ir al cine. Sigamos con el relato de Onofre Quintero, tal como lo recogieron en su libro los Iván Flores: “Alrededor del 20 de noviembre se nos comunicó que ya se habían conseguido armas en el mercado negro (la mayoría de ellas las obtuvo Calderón Guardia, ex presidente de Costa Rica y amigo personal del Dr. Arias”). Era tan leve la vigilancia, que lograron fugarse a Panamá, dirigidos por Quique Quintero. Era un grupo numeroso de panameños, más Walter Sardiñas y los ticos Osito Solano y su compañero Culebra. Los panameños lograron fugarse y regresar a su patria.

El 30 de noviembre, después de muchas vicisitudes, “nos apostamos a ambos lados de la propiedad de los Halphen”. “Ya eran casi las 7:00 a.m. Nos colocamos en un abanico y di la orden de abrir fuego”. “Luego del ataque inicial y de las primeras ráfagas, vimos caer a varios hombres. Empezaron a responder con sus armas. Nosotros nos agachamos en unas zanjas que había allí. Se formó un intercambio de disparos que duró aproximadamente de 45 minutos a una hora”.

“Nos habíamos enfrentado a una patrulla del batallón de los Pumas. Nuestros primeros informes eran de una cifra de 12 muertos, pero después, y con informes no oficiales, la cifra se elevó a entre 18 y 21 muertos. De nosotros solo Fidel Guerra había sido alcanzado por una bala en el pecho: para su suerte, solo fue un raspón”. Y así llegamos al 9 de diciembre de 1968.

Los guerrilleros, con las armas de que disponían, atacaron al cuartel el 9 de enero de 1969. Escogieron ese día “en honor de los estudiantes caídos el 9 de enero de 1964”. “Se dio la orden por medio de un silbido”. “En ese momento había como 10 en el patio. Cayeron casi todos”. “Ramón Moncho Palacios se incorporó y gritando ¡Viva el 9 de enero!, trató de hacer un ataque frontal. Chano trató de detenerlo, pero no pudo”. “Moncho corría hacia el cuartel” y fue abatido a tiros por los guardias. “Como a las 8:00 a.m., Juan se dio cuenta de que habían llegado entre 40 y 50 miembros de la policía rural costarricense al mando del capitán Eulate [¿Ulate?]”.

Sin municiones, ni dónde conseguirlas, era fácil prever el final. Un miembro del grupo, capturado, “reveló dónde estaban las armas escondidas”. Con los días “empezaron a llegar otros asilados”. Les dijeron a todos que los iban a mandar al exilio, y que los dos países que nos aceptaban eran Honduras y Canadá. Onofre Quintero fue a Honduras, en donde estuvo operando equipo pesado en un aserradero.

Allí trabajó hasta que “meses después llegó mi hermano Titico con un recado de Torrijos: éramos libres de regresar a Panamá cuando quisiéramos y que no había motivo para estar fuera del país”. Estoy seguro de que este paso lo dio Torrijos por consejo de Rómulo Escobar. Y así se inició, poco a poco, el retorno de los exiliados.

El próximo sábado publicaré la última entrega de esta serie.

Secured Encrypted System by MicroKey Security