El pasado 9 de junio se cumplieron 24 años de la fecha en la que el pueblo panameño se hastió y le dijo ¡basta! a la dictadura cívico-militar que manejaba el país, esto luego de que uno de los principales colaboradores y cómplices reconfirmó lo que todos sabíamos: que el sistema dictatorial nos había secuestrado desde 1968 y violó el derecho a la vida, el derecho de disentir, la libertad de expresión; en resumen, ultrajó los principales derechos humanos.
Esa explosión de toda la sociedad civil se denominó: “la Cruzada Civilista”, expresión nacional que no tiene parangón en nuestra historia, sin ignorar la lucha de “inquilinato” ni la “gesta del 9 de enero”.
Durante los años de la dictadura surgieron movimientos en rechazo al sistema dictatorial cívico-militar que fueron reprimidos mediante desapariciones, muertes, exilios y persecuciones, pero el pueblo panameño tomó conciencia y se organizó para enfrentar esos exabruptos.
En 1979 se rechazó la reforma educativa; en 1982 se votó en contra de los candidatos a diputado por el PRD en las elecciones parciales y no les quedó más que hacer un fraude para imponer a algunos de sus candidatos. En las elecciones de 1984 el PRD sufrió otra derrota y fue, entonces, cuando cometió el mayor fraude electoral de nuestra historia, con el apoyo del Gobierno norteamericano que propuso e impuso al candidato del PRD, brazo político de los militares.
A finales de 1984, con la Coordinadora Civilista Nacional (Cocina) rechazamos una serie de leyes fiscales que querían imponer y en 1985 se registró el repudio general por el horrible crimen del Dr. Hugo Spadafora. Todos estos hechos fueron acumulando ese rechazo a la dictadura cívico militar que llegó a su clímax el 9 de junio de 1987.
Hoy, quienes por circunstancias de la vida dirigimos ese movimiento pacífico nacional, tenemos una deuda con la nación, y es que no hemos dejado constancia escrita y concreta de esa gesta civilista en la que con la fuerza de una paila y el poder de un pañuelo blanco acabamos a los opresores que, de manera antipatriótica e irresponsable, intentaron confundir al pueblo y engañar a los otros países, argumentando que la rebelión era promovida por Estados Unidos.
Su ambición desmedida por el poder los llevó a retar a la máxima potencia mundial, esperando obtener de ella el apoyo que les había dado al inicio, solo que esa vez el reto nos llevó a la humillación como nación y al hecho lamentable de que muchos panameños perdieran sus vidas, no por la defensa del país, sino para que la dictadura mantuviera el poder usurpado el 11 de octubre de 1968 por el otro dictador, Omar Torrijos.
La Cruzada Civilista terminó su labor de liberar a todo un pueblo de esa pesadilla, pero cada uno de nosotros aún llevamos dentro ese espíritu de libertad, justicia y democracia y, después de haber arriesgado la vida en la lucha civilista, estoy seguro de que ningún panameño permitirá que se vuelva a perder la libertad y la democracia que tenemos. Si la justicia continúa por el camino por el que va, ese pueblo reclamará más temprano que tarde.
El nombre de los movimientos pasan a la historia, pero los sentimientos que los crearon permanecen.


