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De Chile para el mundo

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EDUARDO ANTONIO QUIRÓS B.

Me parece extraordinario que de una tragedia mayúscula como la que sufre la patria de O’Higgins y Neruda, los chilenos le estén entregando al mundo ejemplos que no deben pasar desapercibidos. El solo hecho que el terremoto del 27 de febrero se reporte como uno de los cinco más fuertes de que se tenga registro revela la magnitud de esta tragedia.

Siguiendo los acontecimientos, aprecio lecciones que surgen brillantemente de esta desgracia ocasionada por la naturaleza, que no solo hablan muy bien de la sociedad chilena, sino que permiten reflexionar sobre el comportamiento humano ante situaciones catastróficas y la reacción de las autoridades. Por un lado, el terremoto encontró a Chile en pleno periodo de transición de gobierno entre partidos de signo político distinto. Lo que hubiera sido perfectamente previsible, no sucedió. Ni el gobierno entrante culpó a su predecesor de falta de preparación para el desastre ni el saliente –al que le faltaban menos de 12 días de vigencia– se cruzó de brazos para dejar agravar el problema y ocasionar daño político a la nueva administración.

Ver al Presidente electo diciéndole al país que quedan ratificadas en sus puestos las autoridades que tienen relación directa con la atención del sismo y comunicándose con la Presidenta saliente para respaldar, con toda su legitimidad recién adquirida, al gobierno que fenece en las acciones para enfrentar la crisis revelan un espléndido ejemplo de cultura y madurez política de una sociedad y una clara distinción entre los que entienden la política desde la destrucción del adversario como premisa y aquellos estadistas que buscan en la política la oportunidad de servir bien a su patria.

En segundo lugar, la reacción ante los saqueos posteriores al terremoto. Los medios de comunicación internacional divulgaron ampliamente los robos en las áreas de mayor afectación. Lo que no ha tenido mucha publicación es lo sucedido después con respecto a esta parte sórdida de la reacción humana. ¿Cómo reaccionó la sociedad chilena? Al unísono condenó los saqueos y los asumió como una vergüenza nacional, no se aceptó ninguna explicación para esos actos de vandalismo y los pocos que trataron de justificarlo recibieron un rechazó contundente.

Las autoridades fijaron una política de cero tolerancia al delito sin importar las circunstancias, ampliamente respaldada por los ciudadanos. Establecer la honestidad como un valor superior de la sociedad era más importante incluso que la enormidad de la tragedia. ¡Magno ejemplo a las generaciones jóvenes!

Los agentes de seguridad pública reaccionaron con determinación –a pesar de los que pensaron que era desproporcionado–, logrando detener los saqueos en 72 horas. Muchos empezaron a devolver lo robado. Se habilitaron fiscalías para recibir información sobre los saqueadores. Los ciudadanos y las juntas de vecinos iniciaron una serie de acciones para denunciar a aquellos que tenían bienes hurtados con el envío de fotos, videos y otras pruebas.

Los carabineros –lo que sería nuestra policía–, pasaron con altoparlantes por las aéreas de mayores casos de saqueos anunciando que se iniciarían allanamientos masivos, era impresionante observar los cientos de muebles y electrodomésticos (sillas, mesas, colchones, refrigeradores, estufas, bicicletas, etc.) en medio de las calles devueltos.

No dejan de llamar la atención dos casos. Un ingeniero que cuando las autoridades dieron con él, gracias a una fotografía que mostraba el número de placa del vehículo en que introducía artículos de un supermercado vandalizado, pero que no muestra el rostro, les entregó las ropas con que aparece en la imagen para probar que era él y recibir la sanción que le corresponda. Fue arrestado y acusado de robo agravado por haber sido cometido en una zona de catástrofe. También destaca el caso del Tribunal de Ética de un Colegio Médico que investiga a uno de sus miembros por haber participado en los saqueos en un área exclusiva; el presidente del gremio ha dicho que de probarse será expulsado.

Otro legado de esta tragedia, la reacción solidaria, ya la denominan la réplica más hermosa del terremoto. No me refiero exclusivamente a la teletón Chile ayuda a Chile con récord de recaudaciones, ni a los conciertos y eventos para recibir donaciones; recalco la ola de voluntariado que se ha expandido por todo Chile. Miles de personas ofreciéndose para remover escombros, clasificar y repartir alimentos, ofrecer alojamiento, aportar sus servicios profesionales o brindar ayuda emocional. La pregunta más común en Chile en estos días es ¿Y tú qué estás haciendo para ayudar? Se ha generado una necesidad personal sumada a una responsabilidad ciudadana de ser parte en la reconstrucción.

Hoy que “otra vez el caballo iracundo patea el planeta y escoge la patria delgada, la orilla del páramo andino…” Chile se levantará de esta horrible experiencia, tiene la gente, la fuerza y los valores para lograrlo.

 

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