PEDRO J. SARASQUETA S. Hoy la ciudad de Panamá se encuentra ante una catástrofe sutil, que aunque no es resultado de violencia física influirá de manera negativa sobre el futuro de esta, nuestra ciudad.
Esta ciudad que sufrió en carne viva la avaricia corsaria que barrió sobre el imperio español en 1671, personificada por Henry Morgan, llevando así a la fundación de la nueva ciudad de Panamá en 1673. Hoy conocemos este patrimonio de la humanidad como Casco Antiguo. Semilla de donde germinara la nueva y moderna ciudad de Panamá. Algunos siglos después, la ineptitud política de Estados Unidos con respecto a Panamá en la década de 1980 culminó en el infame bombardeo de El Chorrillo en 1989, cobrando incontables vidas y poniendo al descubierto que, incluso en momentos de tragedia nacional, nuestra sociedad vive en una separación social imperdonable. Este bombardeo fue el inicio de la nueva República, una democrática y en búsqueda de un mejor futuro. La nueva, la tercera, la sutil catástrofe tiene nombre y apellido: Bosco Vallarino. La pérdida del manejo de la recolección de basura, es decir el 40% del presupuesto municipal, es solamente el más obvio desenlace de la situación a la que está expuesta nuestra ciudad de Panamá: el total y absoluto descalabro de su autonomía política. ¿Cómo puede ser que los ciudadanos de una ciudad, con una historia, un orgullo tan propio, ni siquiera puedan expresar su opinión o intentar intervenir en la construcción de algo tan esencial como un sistema de transporte masivo en su seno? ¿Por qué el alcalde de la ciudad de Panamá, el segundo puesto de elección popular de mayor importancia, después del de Presidente de la República, no lucha por los intereses de su ciudad de manera decidida y firme, defendiendo su presupuesto? El señor Bosco Vallarino, además de llegar con dudosa legitimidad al cargo, es incapaz de proveer una visión política para la urbe capitalina o, por lo menos, ofrecer capacidades administrativas. Él ha logrado hacer definitivamente de la ciudad de Panamá un órgano político equivalente al apéndice; un órgano biológico innecesario. Todo ciudadano capitalino pensante tiene ante sus ojos el pérfido aumento del poder Ejecutivo a costas de la ciudad de Panamá. Nuestro alcalde le ha dado al Gobierno nacional la excusa perfecta para desmantelar la única posible fuente de oposición política fuera del parlamento. Es de exigir del Consejo Municipal que inicie el proceso necesario para retirar a Bosco Vallarino de su cargo, ya que este parece estar ciego a su incapacidad y su rol como chivo expiatorio del Gobierno. Si esta tercera catástrofe no es solucionada rápidamente, será probablemente imposible arrebatarle en un futuro al Gobierno central la autonomía para realizar proyectos que no pueden ser, por su límite geográfico, parte de una política nacional. Además de aumentar aún más el ya abultado poder constitucional y legal del Ejecutivo. Oremos para que nuestra ciudad y sus honrados ciudadanos tengamos la fuerza de vencer a esta tercera, tan peligrosa catástrofe.


