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Salidas memorables

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GUILLERMO SÁNCHEZ BORBÓN

Cuando yo era niño, alguien contó un chiste (no verde, que en esas fechas no podían referirse en mixed company) que celebraron ruidosamente todos los presentes. Uno de ellos comentó: “¿quién inventará todos estos chistes?”. Era una frase hecha, como tantas otras, una pregunta retórica, es decir: una pregunta que no requiere respuesta.

Pero en mi generosa mente infantil se alojó la pregunta con la misma fuerza que otras más precisas y -para mí- más peligrosas, como por ejemplo: “¿Quién arrojó el gato al mar?”.

Pasaron unos años. Las palabras citadas en la prima frase de este escrito se grabaron indeleblemente en mi memoria. Y cada vez que oía un chiste de Quevedo- para consumo popular- volvía a formularme la pregunta: “¿quién lo habrá inventado?”. Porque nadie puede creer, en serio, que surgieron espontáneamente de la nada.

Al principio me imaginé que era un viejo agrio y solitario, que se pasaba el día entero (o las noches insomnes) inventando chistes. Era un viejo agrio, que así se vengaba de quienes lo habían condenado a ejercer un oficio tan humillante.

Cuando fui a la escuela empecé a oír otra clase de chistes, los llamados verdes –en algunas partes los llaman colorados–. En su gran mayoría tenían por indecente protagonista a Quevedo. Eran todos, sin excepción, obscenos. Cuando, muchos años más tarde, el Quevedo verdadero entró en mi vida, me pregunté por qué le habrían atribuido a un poeta metafísico, austero y dueño de una gran cultura, todas esas indecencias, ninguno de mis profesores y personas cultas supo darme una explicación satisfactoria. Hoy pienso que los enemigos del gran poeta los inventaron.

Y así nacieron “los cuentos de Quevedo”. A lo mejor me equivoco, pero creo que los malquerientes del gran poeta inventaron el subgénero.

En mi artículo anterior cité uno de esos productos del subgénero: “Tranquilidad viene de tranca”, que erróneamente se ha atribuido a un gorila panameño. Al César lo que es del César: esa frase es obra del dictador cubano Antonio Machado y Ruiz.

Curiosamente, los políticos –no los hombres de letras– son los autores de algunas de las frases más memorables. He aquí una muestra.

Es del ex dictador de Portugal, Antonio Salazar: Según él, sus enemigos políticos sufrían todos de “Exilium tremens”.

El gran político de Francia De Gaulle, que estuvo muchos años exiliado en Inglaterra preparándose para la liberación de su patria, sacó de sus casillas al presidente Roosevelt, quien le dijo a Winston Churchill: “Este De Gaulle es una especie de Juana de Arco”. “Sí –admitió Churchill– y mis condenados ministros no me dejan quemarlo”.

Esta última es de José Santos Chocano. Según Borges “Es la más espléndida injuria que conozco”. Es el único literato (más o menos) del grupo. Aquí te va: “los dioses no han permitido que José Santo Chocano deshonre el patíbulo muriendo en él. Ahí está vivo, después de haber fatigado la infamia”.

Mejor cortemos aquí, no sea que sobrepase el espacio que me han asignado.

 

 

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