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Lecciones del infortunio. Héctor Rodríguez G.

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El mundo estremecido por la catástrofe japonesa, reconoce, como nota de irónico aliento, la entereza de quienes han soportado ese contubernio infernal y apocalíptico entre los desastres naturales y el monstruo de la energía nuclear creado por el hombre. Todo, a pesar de que los expertos declaran que las infraestructuras del Japón en materia nuclear son o eran las más seguras del mundo.

El estoicismo japonés y la gallardía del emperador Akihito mostrando su dolor, rememora la también histórica actitud de su antecesor Hirohito, al reconocer la derrota después de las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, en la claudicación que con la de los nazis conllevó a terminar la mayor tragedia de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial.

Por cierto, en homenaje a esos valores, diversas radioemisoras culturales que se escuchan por internet, han divulgado música al estilo, por ejemplo, de la cantautora, al parecer emblemática, Eri Sugai, natural de Osaka (1971), así como han transmitido interpretaciones de música clásica bajo la batuta del célebre director Kanno Shigeru oriundo de Fukushima, el epicentro de los reactores nucleares.

A la postre, queremos enfatizar en la tragedia originada en los trastornos de las fuentes nucleares, puesto que siendo fruto del ingenio humano es, ahí sí, el hombre quien puede rectificar las metodologías de sus procesos, a objeto de menguar la accidentalidad que irónicamente es fugaz en su ocurrencia, pero longeva en sus secuelas. Empecemos por la razón de la aplicación de esos avances científicos, pues evidentemente se trata de la obtención de la energía, tan necesaria en un país que siendo densamente poblado y con un enorme desarrollo industrial, carece de suficientes caudales hídricos, carbón, hidrocarburos, gas, etcétera, que satisfagan esa gran demanda energética. Es que las fuentes de energía son la médula del desarrollo.

A Rusia, el Goliat del gas natural, con reservas de más de 47.57 trillones de metros cúbicos, le resultó un David o una espina en el zapato que se llama Ucrania, tránsito obligado para más del 80% del gas ruso que energiza el 40% de la gigantesca industria europea. Ucrania cada año le eleva sus exigencias al Goliat, quien refunfuña y zapatea, pero, cede. Para que Rusia y Europa extraigan esa espina, aquella ordenó a la entidad estatal Gazprom, solucionar o solucionar. Así surgieron los proyectos de construir dos gasoductos South Stream y Nord Stream, con costos entre 5 mil y 10 mil millones de dólares. Paralelamente, y obedeciendo a la misma causa, ha surgido otro proyecto: Nabucco (aludiendo tal vez la epopeya de los hebreos para liberarse del tirano rey de Babilonia) impulsado por: Austria, Bulgaria, Hungría y Rumania, buscando proveerse en el Asia Central.

A esas dimensiones se llega en la brega por la seguridad energética. Y lo ideal sería que cada gobierno enarbolara como política de Estado esa bandera, entendiendo por tal la solidez de aprovisionamiento de energía originada en fuentes sostenibles, amigables con el medio ambiente, como la proveniente de hidroeléctricas, previendo las necesidades de una nación en desarrollo constante y tal vez vertiginoso.

Es aquí donde el tema cobra mayor interés para Panamá, puesto que esta geografía es paso forzado de la provisión eléctrica generada en Colombia y proveida a Centroamérica y, claro, a la misma Panamá; por cierto, con notables incrementos año tras año, lo que asegura el flujo de esa energía para todo el istmo panameño, ya que las redes de conducción, como es obvio, recorren a todo lo largo el país.

Colombia, potencia energética, exporta además a otros países de la Comunidad Andina, pero produce en el departamento de Antioquia, muy cercano a Panamá, el 27% de la energía hidráulica del país. En otros términos, mientras más dependan los demás países centroamericanos de la energía colombiana, más seguridad de esa provisión tendrá Panamá. Y, a diferencia del caso citado de los gasoductos, el traslado de la energía eléctrica solo es viable por cables soportados en torres sobre tierra firme. Esta estrategia además, restaría argumentos a la fanfarronada que so pretexto de fortalecer a su pueblo con energía de avanzada, le acicatee a algún megalómano de la región su obsesión armamentista por los juguetitos nucleares, espada de Damocles sobre todas las cabezas, simpatizantes o enemigas, grandes o chicas. ¡Dios nos libre!

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