Durante los días 7 y 8 de abril se realizaron varias conferencias, auspiciadas por el Instituto Smithsonian, la Iniciativa de Liderazgo y capacitación Ambiental y el Proyecto para la Reforestación con Especies Nativas, en torno a la novedosa propuesta en el ámbito planetario para la reducción de emisiones de gases, evitando la deforestación y devastación de las florestas originarias (conocida como Redd+). El mecanismo fue ideado para corregir una de las deficiencias más preocupantes del Tratado de Kyoto, sobre el cambio climático: No proteger los bosques nativos y preferir la reforestación, inclusive con especies foráneas.
Las conferencias, que buscaron aclarar posiciones para negociar el pos-Kyoto, en el año 2012, contaron con la participación de excelentes conferencistas, un auditorio lleno durante los dos días, y mucha participación de la sociedad civil y de los medios de comunicación.
No era para menos; los objetivos fundamentales de Redd+ consisten en otorgarle valores cuantificables y cualificables a las florestas nativas y evitar su devastación, fundamentándose en la capacidad para almacenar carbono en la madera de los árboles, raíces y frutos, así como en proteger su biodiversidad, valorar los servicios ambientales (protección de suelos, fuentes de agua, reguladores climáticos, alimentos, medicinas, aire puro, gozo espiritual, etc), valores escénicos, posibilidades de extractivismo selectivo forestal, intereses sociales y ambientales.
Devastar o quemar los árboles significa liberar más carbono a la atmósfera y, consecuentemente, contribuir con el calentamiento del planeta.
Redd+ brinda una excelente oportunidad a los países que todavía poseen grandes extensiones de bosques nativos para protegerlos, valorarlos, manejarlos y utilizarlos como un patrimonio nacional invaluable.
El ecoturismo, por ejemplo, es la fuente de ingresos más importante de Costa Rica y su modelo político incorpora estos valores. Panamá es tan biodiverso, o quizás más que Costa Rica, el país dispone de más especies de aves que Estados Unidos y Canadá juntos, aproximadamente 978 identificadas hasta ahora. Costa Rica tiene 845.
Además, Panamá posee un paraíso de la pesca deportiva en sus mares, lo que podría generar millones de dólares, como ocurre en México y en California.
Las tres comarcas indígenas más extensas de Panamá ocupan, aproximadamente, el 22% del territorio nacional y sumando las otras menores se aproximan al 30%; la mayoría es puro bosque.
Redd + exige varias salvaguardas, entre ellas, tener claramente definida la propiedad de ese carbono capturado por los bosques, para poder distribuir los beneficios de su venta. En el caso de Panamá hay leyes y normas antagónicas entre los intereses indígenas y los del Estado. Pero, como reza la sabiduría popular, hay que hacer del limón una limonada, y las necesarias negociaciones entre el Estado y las comunidades indígenas deben generar significativos privilegios para ambos, evitando el conflicto.
Es la oportunidad de conciliar esos justos intereses mutuos; mejorar las condiciones de vida de las comunidades indígenas –que poseen los más bajos indicadores de desarrollo humano del país–, analizar científicamente y con justicia social los proyectos adecuados, por parte del Estado y proteger, valorando, los bosques nativos de Panamá.
La diplomacia y capacidad de negociación son esenciales en el consenso nacional.


