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365 días de la Tierra. Alexander A. Alleyne

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Hay consenso a escala global respecto a que las condiciones de medio ambiente en la actualidad requieren un esfuerzo adicional. Más allá de lo establecido por las normas ambientales, cuyo objetivo esencial es castigar una vez cometida la falta; debemos apostar como sociedad a medidas dirigidas a prevenir las formas de interacción entre la sociedad y la naturaleza. La crisis ambiental demanda, con carácter de urgencia, el establecimiento de un pacto medioambiental, cuyo fundamento sea la sensibilización y concienciación en el tipo de relación establecida con el medio natural. La naturaleza, como base y punto de partida del sistema económico, hoy nos muestra los inconfundibles signos de agotamiento. Para ilustrar el modelo de relación establecida por las sociedades organizadas, tenemos a James O’Connor, que lo describe de la siguiente manera; “(…) la naturaleza es un punto de partida para el capital, pero no suele ser un punto de regreso. La naturaleza es un grifo económico y también un sumidero, pero un grifo que puede secarse y un sumidero que puede taparse. La naturaleza, como grifo, ha sido más o menos capitalizada; la naturaleza como sumidero está más o menos no capitalizada. El grifo es casi siempre propiedad privada; el sumidero suele ser propiedad común” (O’Connor. Causas Naturales. Pág. 34).

Se puede señalar a partir de la premisa de que ambos espacios (grifo y sumidero), hoy se encuentran en la encrucijada del agotamiento, como resultado de la sobreexplotación hacia una producción intensiva para la satisfacción del mercado; por otro lado, las externalidades de los procesos productivos y los desechos del consumo, con la consecuente imposibilidad de ser absorbido por el sumidero. Lo crítico de la actualidad ambiental, demanda la puesta en práctica de aquel proceso reflexivo que centre su atención en el reconocimiento de los ecosistemas, sus complejidades y las formas sobre cómo nuestro accionar les afecta; simplemente nuestra organización como sociedad para la apropiación de los elementos naturales es contraproducente.

En palabras de Leonardo Boff, la condición global del medio ambiente ha pasado de crisis a una “depresión ambiental”. Señala Boff en la Declaración del bien común entre la humanidad y la tierra, postulado cinco “Ahora llegamos en un momento crítico en que debemos sumar esfuerzos para garantizar el destino común y evitar que la crisis se transforme en una tragedia.

Está en nuestras manos poner en marcha una visión compartida de valores y principios que funden otra forma de habitar este planeta, mediante otros modos de producir con sostenibilidad, de distribuir con equidad, de consumir con solidaridad, de conservar con celo la herencia natural y cultural que hemos recibido del pasado y garantizar el bien vivir de las presentes y de las futuras generaciones. Por eso, tenemos que incluir en el contrato social planetario, el contrato natural. La preservación de la naturaleza y de la Tierra son las precondiciones necesarias de todos los demás contratos e iniciativas humanas”.

Sobran razones para considerar que todos los días deben ser “Días de la Tierra”. Es necesario romper con el propagandismo ambiental, en el que se designa un solo día para “celebrar”. Es pertinente que durante los 365 días evaluemos y reflexionemos sobre las condiciones ambientales que nos lleven a ser una sociedad con ética ambiental, centrada en un proceso permanente de reflexión racional y práctica sobre los problemas derivados de la relación del hombre con la naturaleza. Las medidas que hoy tomemos se expresarán en las condiciones ambientales del futuro y este es hoy.

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