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Panamá, bolsas plásticas y ambiente. Rafael Negret

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Las recientes inundaciones y desbordamientos de las aguas residuales en uno de los emblemas urbanísticos de la ciudad de Panamá -Punta Paitilla- se originaron fundamentalmente por la cantidad de basura acumulada en los sistemas del alcantarillado. La enorme mayoría son bolsas plásticas.

Las bolsas plásticas fueron introducidas gratuitamente al mercado mundial en 1970 como gran invención y aporte a nuestra sociedad de consumo, despilfarro y comodismo. Al igual que muchas otras invenciones, sin considerar los posibles efectos negativos a futuro. Y son omnipresentes; están en el suelo, en el agua, en el aire, engarzadas en los cables del teléfono y en las ramas de los árboles; en las orillas de los ríos, en los sistemas de drenaje, en el lago Gatún, en el Canal, en las pistas de aterrizaje, en todos los archipiélagos, destruyendo los corales y arrecifes en el fondo y flotando alrededor de las lanchas turísticas y de las islas Guna Yala, Coiba y Las Perlas.

Se calcula que en Panamá 500 millones de bolsas son utilizadas cada año. Con dos agravantes -además del plástico y las tintas-, no existen empresas que las reciclen y el país es relativamente pequeño, rodeado de agua y con un canal interoceánico intermedio. Reutilizarlas es imposible dada su fragilidad y pésima calidad; además, sería prorrogar sus impactos negativos. A nivel planetario hay 18 mil bolsas plásticas en cada kilómetro de cualquier océano y cerca de 100 mil mamíferos marinos, un millón de aves y miles de tortugas mueren anualmente al ingerirlas o quedar atrapados en su trama. Hay una isla de basura en el Pacífico denominada “Vórtice de plástico” de 692 mil kilómetros -Panamá tiene 75 mil 517 kilómetros-. En San Pablo, Brasil, una ley municipal sancionada en mayo de este año obligará a reducir el uso de bolsas plásticas y a partir del año 2012 serán eliminadas de los supermercados y otros establecimientos comerciales. Se ofrecerán otras opciones reutilizables. En Bogotá, a través de una resolución reciente, se reducirá el uso en 40% para los próximos tres años. Se firmó un compromiso entre empresarios, pepenadores, organismos gubernamentales y no gubernamentales, liderado por la Secretaría de Ambiente de la ciudad. Se harán campañas públicas para concienciar.

El restaurante Don Lee recientemente cambió los recipientes plásticos por cartón reciclable, en ejemplar iniciativa privada; los supermercados Rey iniciaron una campaña que urge mejorar. Otros súpermercados y el comercio en general deben seguir el ejemplo. En Panamá y cualquier país se requiere la participación del Estado, del empresariado y de la población civil para incorporar la cuestión ambiental en las políticas nacionales. La recientemente creada Autoridad de Aseo Urbano y Domiciliario podría vender a los ciudadanos tanques plásticos de uso permanente, con diferentes etiquetas que faciliten el depósito y reciclaje de materiales y evitar el uso de bolsas plásticas. Negocio redondo... Para el Estado panameño y la nación en general es un compromiso ineludible empezar a controlar y reciclar los residuos sólidos, porque los beneficios son sociales, ambientales, económicos y políticos.

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