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Propuestas que sí son nuevas. Paco Gómez Nadal

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Confieso que regresar a España fue, en los primeros momentos, un duro golpe. Superado el trauma de haber sido arrancado a la fuerza de mi vida y de mis gentes, me reencontré con mi país de nacimiento y me dediqué a oír y a mirar.

La pregunta flotaba en el ambiente… ¿Por qué nadie se levanta? ¿Por qué nadie reacciona? Las mismas dudas que persisten en Panamá, la misma perplejidad ante los abusos del poder y el silencio de los “gobernados”. Cualquier esperanza pasaba por una protesta clásica, alguna manifestación, algún estallido de ira como en Grecia… nada más: desahogos sin futuro que solo reforzarían las medidas represivas y la autoconfianza de los partidos políticos tradicionales.

Sin embargo el 15 de mayo el sol brilló diferente. Me dirigí a la protesta convocada de forma casera por las redes sociales dudando del éxito, porque los medios de comunicación la habían ocultado, como ocultan todo lo que les da miedo o lo que no comprenden. La sorpresa fue hermosa.

Miles de ciudadanos y ciudadanas de los orígenes más diversos se unieron para pedir una democracia real, el fin del imperio de la economía sobre la humanidad, la necesidad del procomún frente a la angurria sin límites de los capitalistas, la posibilidad de construir un mundo más amable y más vivible. Los medios siguieron dando pequeños reportes de los hechos y ninguneando a las 150 mil personas que se movilizaron en todo el país.

Los pueblos pueden ser tercos. Y así ha ocurrido. Después de un pequeño conato de represión policial, la ciudadanía ha salido en masa a la calle y en 160 ciudades de este país, las plazas principales están ocupadas por los movilizados. La propuesta es diferente. No hay banderas políticas, están prohibidos los partidos y los sindicatos y, sin embargo, todo es organización, pero asamblearía. La Puerta del Sol de Madrid, donde el pasado viernes en la noche se concentraron 25 mil personas, y todo funcionaba a la perfección. Las comisiones de propuestas, de respeto ciudadano, de infraestructura o de enfermería funcionaban como un reloj, provocando la colaboración horizontal de gentes que nunca se habían visto la cara antes. No hay personalismos, no hay líderes que indiquen qué hacer en cada momento, no hay jerarquías verticales que lastren este esfuerzo colectivo muy político (y claramente de izquierdas), pero apartidario.

¿Por qué cuento esto en Panamá? Además de para compartir la experiencia, para llamar la atención sobre las propuestas políticas para la construcción de nuevas sociedades viciadas de nacimiento. Para pedirle públicamente al Frente Amplio por la Democracia (FAD) una reflexión profunda de cara al tremendo esfuerzo que van a hacer para presentar a la sociedad panameña una alternativa progresista al poder.

Considero que está naciendo el FAD con algunos de los vicios de la antigua política, del partidismo cerrado y jerárquico que habla de participación, pero excluye a todo aquel que no coincida a pies juntillas con el discurso y los dirigentes. Sin embargo, el FAD está a tiempo de convertirse en una alternativa de verdad, en una propuesta realmente nueva, en la que la participación horizontal (y de abajo a arriba), la apertura a nuevos movimientos y a nuevos liderazgos y el atrevimiento de presentar propuestas innovadoras para este tiempo insólito sean la base para la verdadera construcción de un Frente Amplio que limpie la democracia panameña de la politiquería, el rentismo y la pleitesía a la pobre oligarquía financiera del país.

La participación puede dar miedo, y hasta pereza, al principio. Hay que trabajar el doble para consensuar, hay que aguantar a gente tan pesada como maravillosa, hay que construir tejiendo poco a poco, paso a paso, pero los réditos son más y el futuro será más prometedor. Quizá parezca que esta construcción no trae éxitos electorales a corto plazo, pero yo creo que no es así. Martinelli llegó al poder prometiendo un giro copernicano a la política tradicional, pero lo hizo de 360 grados para llegar al mismo punto de partida y empeorar lo que ya estaba mal. El FAD tiene la oportunidad de ofrecer el giro de 180 grados, pero no será atrincherados en las viejas formas o en la “aparente” pluralidad, sino en la sincera apertura y la suma de voluntades.

 

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