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En redes sociales David Corzo

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Un par de semanas estuvo sonando en Facebook el evento: “Un besito no es delito”, que buscaba manifestar el desapruebo al maltrato del que fueron víctimas, por parte del SPI (Servicio de Protección Institucional), dos mujeres que fueron sorprendidas dándose un besito, en la mitad del Casco Viejo, hace ya varias semanas.

Para los devotos de las redes sociales, esta era la oportunidad perfecta para demostrar en Panamá la fuerza y el poder de la red social con mayor número de usuarios en buena parte del mundo, y cómo a través de una de sus herramientas se podría reunir una gran cantidad de personas a favor de una causa.

A pesar de lo esperado, no fue así. Si analizamos un poco este tipo de eventos en nuestros países, podemos encontrar el siguiente comportamiento:

1. Los eventos alcanzan rápidamente un gran número de asistentes, comentarios, voces de apoyo y un importante alcance online. 2. Las personas que apoyan estos eventos firman con su nombre y apellido, lo que nos hace descartar falta de valor a la hora de manifestar sus posiciones. 3. Las personas que se solidarizan con estas causas invitan a su vez a su red de amigos, logrando un efecto viral que hace que el ruido que se genere sobrepase las fronteras de internet. 4. Al evento asiste menos del 10% de las personas que dijeron que lo harían.

A través de la corta historia de las redes sociales, hemos visto este modelo en nuestros países varias veces, desde elecciones presidenciales que en el mundo digital ya tienen nombre, apellido y color (Partido Verde en Colombia) hasta grupos en Facebook para tumbar pantallas digitales cuya fuerza solo alcanza a acortar sus horarios de funcionamiento.

Estos ejemplos distan de casos como Túnez, Egipto y Libia, que han usado las redes sociales para movilizar y organizar a miles de ciudadanos.

El famoso hashtag “#jan25” (enero 25) fue el que marcó la revolución egipcia que acabó con el régimen de Mubarak.

El caso Panamá nos deja varias dudas por resolver: ¿Será que nos encontramos frente a un fenómeno social que promueve sus causas y expresa sus opiniones desde la comodidad de sus sillas, de la misma manera que paga su tarjeta de crédito o compra películas en Amazon?

¿O será acaso que estamos midiendo fenómenos sociales en redes donde la población es aún muy joven para tener claras sus posiciones y salir a defenderlas un domingo por la tarde en vez de ir a cine a ver Piratas del Caribe?

¿O simplemente estas son causas que por más que nos identifiquen y sintamos que nos representan, no tienen la fuerza suficiente para hacernos levantar de la cama y salir a defenderlas?

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