Nuestra ciudad ha crecido sin un plan de desarrollo, de una forma desordenada que ha respondido a intereses económicos de promotores, y a la autogestión de vivienda de buena parte de la población de escasos recursos.
El barrio de La Exposición es una excepción. Cuenta con características únicas: valores históricos, urbano, arquitectónico y social que lo hacen un conjunto urbano digno de ser conservado por su sustancia. Sin embargo, el mismo enfrenta amenazas que ponen en riesgo su conservación, dentro del marco de su indiscutible carácter patrimonial.
Entre los argumentos de quienes apoyan la construcción de la torre financiera, megaestructura que promete llenarnos de un orgullo de tontos, encontramos la redensificación de zonas urbanas decaídas como estrategia de contención del crecimiento horizontal desmedido de la ciudad, el cual conlleva problemas gravísimos: destrucción y afectación de hábitat natural, enorme gasto energético, congestión vehicular, falta de abastecimiento de servicios públicos, entre otros.
Para que un plan de redensificación (y no edificios “salpicados”) se convierta en una respuesta a la dispersión, debe ser concebido dentro de un programa de renovación urbana sostenible, con un criterio de desarrollo dosificado. El objetivo debe ser, aparte de la contención, la reactivación económica-social de los sectores, procurando la conservación de elementos positivos particulares que les caractericen, incluso potenciándolos, en este caso su morfología urbana, tipología arquitectónica, criterios de uso de suelo, valoración del espacio público.
El espacio público en La Exposición originalmente se consideró adecuadamente, con carácter colectivo, y potenciando la relación del conjunto con el mar, punto focal natural de su trazado. Actualmente, se pretende considerar las áreas verdes de un edificio como espacio público, mientras se privatiza un bien colectivo, tal vez intangible, pero no por ello menos constructor de identidad: la vista al mar.
Para que una estrategia de redensficación sea efectiva debe mantener un carácter social integrador, y servir a los sectores de la población que se ven empujados a vivir cada vez más lejos. En el centro urbano, la proliferación de gigantes construidos está dirigida a otro mercado, de nacionales y extranjeros pudientes, por ende no representa solución alguna para el diario movimiento pendular de la población de los barrios-dormitorio a las ocupaciones en el centro y viceversa.
Dentro del actual modelo de verticalización desmesurada, se ha obviado el mayor reto de la redensificación, la adecuación de las infraestructuras urbanas a una mayor demanda, lo cual impone una gran presión a las redes de servicios. Como ejemplo, lo sucedido recientemente en Paitilla con la escasez de agua potable y el desbordamiento de aguas servidas. ¿Podríamos imaginar la terrible crisis sanitaria que representaría para el hospital Santo Tomás una situación similar, debida a las megatorres que le amenazan como parásitos que afectarían su normal funcionamiento?
En conclusión, contrapuesta al actual modelo de crecimiento artificial y excluyente, una estrategia de redensificación sostenible, con carácter social y criterios de conservación de patrimonio, consolidación de identidad y construcción de colectividad, representaría un verdadero aporte al desarrollo de nuestra ciudad. Así las sonrisas serían colectivas.


