Pareciera que los diseños importantes del Ministerio de Obras Públicas se esbozan y fraguan en alguna oficina ubicada en Brasil, porque todos estos diseños: el nuevo Curundú, el Metro y el de la cinta costera, fases uno, dos y tres, no parecen proceder de los departamentos de ese ministerio en Panamá, por lo menos no han sido sustentados por autores locales y, por lo visto, los profesionales panameños de esa institución no tienen ni voz ni voto para verificarlos, corregirlos o refrendarlos.
El MOP se ha convertido en una bocina de ventrílocuo y diseñador de Brasil, que solo actúa al ritmo cadencioso, no de la samba sino de la caja registradora. No esperemos que estos brasileños sientan algún aprecio por el Patrimonio Histórico panameño, porque la compañía que está detrás es una conocida depredadora de las riquezas naturales en su propio país, en contubernio con las autoridades del momento, y sus escándalos han defenestrado a mandatarios.
En el caso del proyecto para continuar la cinta costera, con un relleno alrededor del Casco Antiguo de la ciudad, lo que le preocupa a esa empresa es crear un proyecto que sea financiable y, de esta manera, asegurar el pago de sus excesivos honorarios, pasando por encima de lo que sea, sin que le importen los más de 300 años de historia de la nueva ciudad de Panamá o cualquier otra cosa que se interponga a su paso arrollador para el lucro desmedido.
Es hora de ponerle alto a las ambiciones desmedidas de estos garimpeiros y a las de nuestros políticos, que combinadas con los sueños megalómanos de los gobernantes que se pasan de la raya, amenazan nuestra estabilidad financiera como país. Este gobierno, sin querer, le está dando un lema a la próxima campaña política de la oposición: “Los que entran millonarios y salen ultramillonarios”.
Se han valido de todo, incluso, han querido manipular a los humildes de El Chorrillo para crear discordia en la sociedad, haciendo que defiendan un proyecto excluyente que los dejará sin acceso al mar, de forma que los pescadores tendrán que cambiar de vida, porque quedarán rodeados por un muro alto –que solo servirá para escribir grafitis–, separando El Chorrillo de las valiosas nuevas áreas recuperadas del mar…
En este país todos tenemos que unirnos para defender nuestro patrimonio histórico, que es la base de lo que somos. ¿Qué hacen los políticos y los propietarios de tierras frente a la Avenida Balboa? ¿Quién les asegura que las famosas y espurias islas creadas no se extenderán hasta el Casco Antiguo, si hay promotores inescrupulosos dispuestos a financiar la recuperación de tierras al mar? ¡Esto es un caso de cambio brutal de zonificación, inadmisible! ¿Dónde están los historiadores, educadores, profesionales, abogados, arquitectos, urbanistas, arqueólogos y los ciudadanos que quieren a esta ciudad y al país en general? ¿Por qué no se oponen, beligerantemente, a este asesinato de nuestra historia estampada en edificaciones antiguas?


