Los últimos acontecimientos políticos que se han suscitado en la Asamblea Nacional ponen en evidencia que aquellos tiempos en que la palabra de los hombres y mujeres era el equivalente a una escritura pública han quedado en el olvido y que, quizás, para sobrevivir o intentar participar de nuestra política criolla hay que aprender a prometer cosas al pueblo y a los supuestos aliados políticos, para luego olvidar lo prometido so pretexto de que los acuerdos no fueron firmados o de que ahora lo que todo el país creía era un compromiso serio entre dos importantes fuerzas políticas, solo fue un compromiso a nivel personal.
Siento pena ajena por lo bochornoso del espectáculo que nuestra fauna política nos está dando, ¡vaya ejemplo para nuestra juventud! La gula por el poder es mayor que los principios que deberían tener quienes gobiernan; sus incoherentes actuaciones son una muestra de desprecio por los verdaderos problemas que vive el pueblo panameño.
No se debe hablar de segundas vueltas, cuando a los panameños cada día les alcanza menos el dinero para vivir dignamente; es una falta de respeto que los mal llamados padres de la patria desperdicien su tiempo y el dinero de nuestros impuestos en discusiones estériles, que en nada contribuirán a mejorar nuestra calidad de vida.
Pretender que tener una mayoría en la Asamblea Nacional significa que se tiene licencia para violar la Constitución y humillar a los aliados, al obligarlos a apoyar esa arbitrariedad o atenerse a las consecuencias de un chantaje de no honrar la palabra empeñada, es sencillamente vergonzoso y digno del repudio popular.
Sentimos que los grandes proyectos y obras del señor Presidente se ven empañados con este tipo de actitudes y acciones que se alejan mucho del discurso de cambio positivo que nos vendieron en las pasadas elecciones. Al igual que muchos panameños, estoy a favor de muchísimos proyectos del presidente Martinelli, después de todo, ¿quién en su sano juicio puede estar en contra de que, al fin, vamos a tener una solución moderna y digna para el transporte masivo en la capital? ¿Quién puede estar en contra de los B/. 100.00 a los 70? ¿Quién puede estar en contra de la beca universal para miles de estudiantes?, entre otros proyectos. La respuesta es sencilla, nadie.
Quizás valga la pena que el señor Presidente se distancie de los aduladores, de los malos consejeros, y se acerque más al pueblo que hace dos años confió, mayoritariamente, en la seriedad de sus palabras. Estamos seguros de que encontrará gente sincera y honesta que le dirá lo que tiene que escuchar, no necesariamente lo que quiere escuchar.
Señor Presidente, todavía hay ciudadanos que admiramos la sinceridad, la honestidad, la humildad y el respeto a la palabra empeñada. A los aliados se les respeta, no se les humilla. Los panameños seguimos soñando con poder decir que no todos son iguales, porque todavía hay hombres y mujeres que piensan en el futuro del país, no del partido, y que hacen valer su palabra, por sobre todas las cosas.


