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Partidos políticos y democracia. Jorge E. Madrid M.

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En Panamá hemos adoptado la vía de los partidos políticos para ejercer la democracia representativa desde los inicios de la República, sin embargo, hoy día esa vía está pasando por una crisis de credibilidad y legitimidad. Este hecho lo señalan los resultados del estudio Cultura política de la democracia en Panamá, 2010. Consolidación democrática en las Américas en tiempos difíciles, desarrollado por la Universidad de Vanderbit en Estados Unidos y patrocinado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid).

El estudio indica que los partidos políticos son la institución en la que menos confían los ciudadanos y que los panameños ocupan el segundo lugar, entre los 26 países de la encuesta, en expresar que puede existir democracia sin partidos políticos; Estados Unidos es el número uno.

Estos resultados del análisis, basado en las encuestas del Barómetro de las Américas, se refuerzan con la crisis de la segunda vuelta electoral entre los partidos gobernantes (Cambio Democrático y el Partido Panameñista), la elección del presidente de la Asamblea Nacional y de las reformas al Código Electoral, que en vez de buscar las soluciones a los problemas del pueblo panameño, están pensando (dos años antes de las elecciones) en quién será el candidato presidencial y cómo lo elegirán.

La preocupación de los políticos del gobierno por el poder, más que por los intereses del pueblo, hace que el panameño de a pie, después de haber volcado su voto de confianza (60% votación) en un cambio de su realidad socio–económica más directa y efectiva, busque otras alternativas no tradicionales y que le ayuden a salir del ciclo de la desigualdad social permanente entre ricos y pobres.

Otro indicador de la crisis de los partidos políticos tradicionales gobernantes (Cambio Democrático y Partido Panameñista) es el aumento de la cuota (del 2% al 5% en la última elección) de copartidarios que tienen que inscribir los nuevos partidos no tradicionales (el Frente Amplio por la Democracia y el Partido Alternativa Popular).

Este incremento refIeja el temor que se tiene a la participación de otras corrientes, diferentes a las tradicionales, y que es contradictorio con el discurso de estos políticos sobre la democracia que debe permitir el libre ejercicio de otras formas de gobernar; como lo dice el estudio de la cultura política: “el apoyo a la democracia disminuye, mientras la percepción de inseguridad y la victimización por corrupción aumentan”.

En la tradición de las elecciones para presidente en Panamá, los partidos gobernantes no ganan propiamente, sino que el electorado aplica el voto castigo al gobierno de turno y elige a cualquiera de los otros candidatos. Esto fue lo que sucedió con el presidente Ricardo Martinelli y el partido Cambio Democrático, cuando los panameños decidieron no elegir a ninguno de los candidatos de los otros dos partidos (Partido Revolucionario Democrático y Partido Panameñista), los que en 20 años de “democracia” se habían turnado en el poder.

La votación se hizo en búsqueda de una alternativa que le diera respuesta a sus demandas.

Si se mantiene esta conducta del electorado panameño en el año 2014, igual que el accionar de los políticos gobernantes que hemos presenciado en estas semanas, y considerando los resultados del estudio del Barómetro de las Américas, el pueblo no dudará en elegir a cualquiera de las nuevas alternativas no tradicionales que presenten soluciones distintas a las ya practicadas en 25 años de democracia.

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