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La hipérbole china. Eduardo Espino

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Se anuncia con cierta fanfarria y dejo de venganza y humillación disimulada el ascenso de China en el escenario mundial como futura superpotencia, que desplazará a Estados Unidos como foco de poder principal para mediados de siglo XXI. Los autores de muchas de estas apologías a un nuevo imperialismo y orden internacional dominado por China están ideológica y emocionalmente sesgados. Y es que el orden internacional marca tendencias hacia una difusión del poder político mundial en el que además de Estados–nación, organizaciones no gubernamentales y transnacionales de distintos orígenes cobran influencia y atenúan los hegemonismos de Estados. Sin embargo, hay claras señales de que bien podría no darse el presagio de un “nuevo orden chino”.

Una hipérbole es una exageración de la verdad, según el Diccionario de la Lengua Española. Si bien China ha tenido un espectacular ascenso económico poniendo en práctica las reglas del capitalismo y el libre mercado en gran parte, los pronósticos de un nuevo orden mundial controlado por China hacia mediados del siglo XXI no son más que hipérboles. Esto es así por varias razones, entre ellas las principales son: de orden demográfico, de orden probabilístico–contingente, de orden político–educacional y ambientales.

Primera razón: la demográfica. La población china ya está clasificada por los demógrafos como una sociedad con tasas de fertilidad de bajo reemplazo de la población anciana de más de 65 años de edad y esta situación empeorará para China por los siguientes 20 años, según el US Census Bureu, que hace proyecciones a largo plazo de tendencias poblacionales.

Ni siquiera dejando de aplicar la norma de un solo hijo, como en efecto ya empezó a flexibilizarla el Gobierno chino, y aumentando las cuotas de inmigrantes logrará realizar un reemplazo a la baja tasa de fertilidad de 1.5 nacido por mujer, es decir, un 30% menos de la tasa de reemplazo efectivo; una de las más altas del mundo junto a varios países europeos, surasiáticos y caribeños. El único país del mundo desarrollado que tiene y tendrá esa tasa de reemplazo es Estados Unidos. China tendrá de aquí a 2030 una merma de 100 millones de trabajadores calificados y no calificados. Todo unido a que las redes de seguridad social chinas aún no logran un desarrollo óptimo como en otros países europeos y Estados Unidos.

Segunda razón: si China creciera por 20 a 30 años con tasas de 6% y Estados Unidos 2%, lograría sobrepasar a la economía estadounidense en tamaño (cantidad, no calidad ni equidad) para 2050. El ingreso per cápita de China es 12% del de EU y varios países europeos y es muy improbable que un gobierno autoritario pueda controlar a largo plazo el crecimiento espectacular bajo la premisa de “crecimiento económico bajo control político”. El PIB y el ingreso per cápita no dependerán del tamaño de la población sino de la calidad de las regulaciones, la competitividad y apertura de las instituciones económicas.

Además, el creciente poder de China en el área asiática es probable que sea contenido, como en efecto empieza a darse en el escenario internacional, por la India, Japón y Corea del Sur, lo cual podrá beneficiar alianzas proestadounidenses en esa región. Una Corea del Norte absorbida por la del Sur podría no convenir a los intereses chinos. En China, además, hay alrededor de 100 mil manifestaciones políticas por año.

Tercera razón: la carencia de trabajadores y estudiantes jóvenes calificados es un fenómeno mundial, pero China y otros países experimentarán en las próximas décadas los mayores déficit de mano de obra joven y calificada. China compite con una decena de países por las mismas razones.

Cuarta razón: el déficit de fuentes de agua y tierras fértiles será un gran reto para que China pueda mantener su ritmo de crecimiento. La falta de capitales y tecnología ambientales y energéticas en China por políticas de proteccionismo a sus industrias es un obstáculo al desarrollo de su economía. China en términos absolutos ha aumentado más que cualquier otro país sus inversiones en energías limpias; pero le falta el potencial innovativo y el monto aún se queda corto para su eficaz utilización en todo el territorio.

En resumen, China tendrá un espacio de poder más amplio en las próximas décadas; pero sus riesgos son tan elevados que es posible que llegue a ser una potencia regional con un margen de maniobra para contrarrestar la “unipolaridad suave” de Estados Unidos. EU sería el actor estatal con mayor poder relativo, el “mayor accionista en el tablero internacional”, pero sin los votos para una hegemonía absoluta. Sin embargo, una “gran implosión” como la Unión Soviética no es improbable.

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