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Otra vez, Latinoamérica en el olvido. Betty Brannan Jaén

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Los mexicanos tienen un lamento viejo y certero que dice así: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Pero ahora, con lo pequeño que se ha puesto este mundo globalizado, yo diría que el lamento es aplicable a toda Latinoamérica, no solamente a México. Noto que cada nuevo Presidente estadounidense llega al poder prometiendo que Latinoamérica ya no será el “patio” de Estados Unidos y que los países latinos serán tratados como “socios”, en vez de satélites del “imperio”. Sin embargo, la realidad siempre termina siendo otra.

Barack Obama no es la excepción. Un artículo de The New York Times subrayó el jueves que las tensiones entre Washington y Latinoamérica han dejado a Estados Unidos sin embajador en cuatro países: Bolivia, Venezuela, Ecuador y México.

Mientras tanto, China es ahora el más importante socio comercial de Brasil y está adquiriendo más influencia en toda la región. Tampoco ayuda que los tratados de libre comercio con Panamá y Colombia sigan estancados; Obama y sus funcionarios hablan y hablan de enviarlos al Congreso para ratificación, pero nada pasa.

Esta semana Obama se salió con una nueva precondición para proceder con la ratificación de los acuerdos; él quiere que los republicanos acepten restaurar un programa de asistencia a obreros destituidos, pero los republicanos se resisten a hacerlo. Si el impasse no se resuelve rápidamente, me luce imposible que el acuerdo panameño pueda ratificarse antes de que el Congreso salga de vacaciones a principios de agosto. Y cuando el Congreso retome sus labores en septiembre, ya el estamento político estadounidense habrá entrado en campaña para las elecciones de 2012; es decir, mal clima político para aprobar tratados controversiales.

Por otro lado, fue apenas en marzo que Obama hizo una gira por Latinoamérica que estaba supuesta a mostrar su compromiso prioritario con la región. Pero fue un viaje relámpago hecho bajo la sombra de la crisis en Libia y los discursos del Presidente estadounidense no tuvieron mucha resonancia. Para mí, la más grande desilusión del viaje fue cuando le preguntaron a Obama si Estados Unidos debía disculparse con Chile por su apoyo a la dictadura de Pinochet. “No puedo discutir las políticas del pasado... Es importante que no quedemos atrapados por la historia”, dijo Obama. Se comprende que Obama no quería que los republicanos lo volvieran a atacar por debilidad, al admitir que Washington ha cometido errores, pero los hechos son innegables y Obama ha debido tener la valentía de encararlos. Pienso que Obama no solo ha debido ofrecer la disculpa, sino que ha debido hacerlo durante una visita al impactante Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos en Santiago, que expone los horrores de la dictadura pinochetista.

A todo esto, si vamos a hablar de estar “atrapados” por el pasado, algunos en Washington critican que, precisamente, las políticas de Obama están atrapadas por una mentalidad de Guerra Fría. Adam Isacson, del Washington Office on Latin America (una ONG), opina que la política hacia la región depende demasiado de amenazas y “obsesiones viejas” que son irrelevantes a la situación actual.

Pero lo desconcertante es que Hillary Clinton dispuso invitar a unos expresidentes latinoamericanos a cenar el miércoles, para discutir los problemas en la región, y nada menos que Martín Torrijos estuvo entre los invitados. Los otros eran Ernesto Zedillo (México), César Gaviria (Colombia), Francisco Flores (El Salvador), Alejandro Toledo (Perú) y Fernando Enrique Cardoso (Brasil). Entre esa concurrencia, dudo que Torrijos se haya distinguido por la agudeza de sus observaciones y análisis.

Lo que sí ocurrió, según El Tiempo de Colombia, es que los expresidentes insistieron en la urgencia de ratificar sin demora los acuerdos de libre comercio con Panamá y Colombia. Veremos si Washington hace caso.

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