La dimensión del mercado, así como las distancias geográficas y las diferencias culturales e idiomáticas entre Panamá y China, han dejado de ser excusas para reconocer, sin complejos, el auge que ha adquirido ese país, que se perfila como uno de los acontecimientos principales en la evolución de la economía mundial en la primera década del XXI.
Nadie duda del papel de liderazgo que tiene China en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) con la dimensión de un mercado de 2 mil 500 millones de personas, que mueve alrededor del 50% del comercio mundial, y se ha constituido en un mecanismo de consulta y cooperación gubernamental en el que participan las economías de 21 países con costas en el océano Pacífico, un foro en el que Panamá está obligado a participar por su condición de liderazgo de centro logístico regional.
Panamá no puede adoptar una posición de convidado de piedra ante este fenómeno mundial, pues somos un eslabón de la cadena del comercio mundial, teniendo en cuenta la magnitud del reto con el que nos enfrentamos de no tomar una decisión oportuna y urgente sobre lazos estratégicos con China, en busca de beneficios bilaterales económicos, tecnológicos, logísticos y culturales. Ahora que Panamá ha podido concretar acuerdos bilaterales con socios comerciales como Singapur, Chile y Estados Unidos, entre otros, se configuran las condiciones que abrirían oportunidades y beneficios al sector privado exportador, la banca y la actividad financiera que se beneficiarán de una asociación estratégica que responde al interés nacional.
No podemos seguir ignorando el despertar del dragón asiático, por tanto, se impone ampliar nuestros conocimientos sobre las prácticas para hacer negocios con China y para enfrentar este desafío en un esfuerzo conjunto de Gobierno, productores y exportadores, a fin de que las empresas panameñas puedan establecer asociaciones estratégicas con empresas chinas, lo que nos permitirá incorporar innovaciones tecnológicas a fin de que podamos competir fuera de los mercados tradicionales, respondiendo al impacto que tiene y tendrá China sobre la economía y con base en la geoestratégica global que sostienen en su futuro.
Una visión acorde con esta realidad, nos impone el desafío de establecer relaciones con China para facilitar nuestra participación en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), nos plantea la realización de acuerdos de libre comercio entre sus miembros, lo que sería una gran oportunidad en momentos en que Panamá promueve el comercio abierto y la cooperación pragmática entre las economías que lo integran, tomando en consideración nuestras ventajas competitivas de ser uno de los principales centros de trasbordo de carga en el mundo.
En mis cinco años en China, se aprecia el crecimiento anual medio del Producto Interno Bruto, rondando el 10%, que crece en conjunto en los ámbitos industriales y económicos, apelando a la unión, más ahora con la caída del dólar y la valoración del yuan.
Es momento para que Panamá se incentive a estrechar vínculos, nuestras oportunidades podrían multiplicarse dando un paso más al progreso en conjunto, que traerá beneficios a mediano y largo plazo con el gigante asiático. Hay que ponderar los acercamientos, como parte de una realidad cercana, precisamente ahora que lideramos exitosamente la actividad portuaria regional que se acrecentará ostensiblemente con la ampliación del Canal.


