Dos años negando el proyecto; sin embargo, muchos ya habían visto la maqueta. Sin consulta, estudios e incumpliendo al menos cinco leyes panameñas. Esta cinta no resuelve nada: envía más carros, más rápido, a un embudo. O dos, hablando del nuevo puente que nadie sabe a dónde va. Pero no importa, gastémonos millones en una autopista improvisada e ilegal, que –además- destruirá el Casco Antiguo (y Panamá Viejo, por estar en la misma designación histórica). El Casco Antiguo hoy día es de todos, ellos quieren acabar con esto. Una encuesta realizada por la Asociación de Vecinos (Avaca) tuvo resultados impresionantes.
El 72% de los que visitan el Casco viene de barrios como San Miguelito, Don Bosco, Santa Ana, Río Abajo, El Crisol, Pedregal. Ellos son los verdaderos usuarios del casco y son los que aprecian la paz del no tráfico, no esmog que se vive en sitios como Las Bóvedas. Lo aprecian porque en sus barrios calientes no existe, y ningún sitio de la ciudad de Panamá se los ofrece gratis, siete días a la semana, solo el Casco Antiguo. También usan las playas que los “de a carro” no saben que existen, y si supieran no se atreverían a usar.
Pero ellos sí las usan, cada día más, porque nuestra bahía se está limpiando. Incluso la surfean. Más de un campeón panameño aprendió ahí. En octubre pasado incluso nos visitaron tortugas, pero a los impulsores del relleno no les interesa. Los que amamos el Casco Antiguo no queremos que se destruyan sus playas porque las usamos y por su potencial turístico. El 40% de los encuestados no desea el relleno porque el sitio perdería su esencia y naturaleza.
Nadie se opone al progreso. Pero esto no es progreso. Es destrucción, improvisación. Desconocimiento de lo que realmente necesita Panamá. El 100% de los encuestados dijo que esa carretera no era prioritaria y que el dinero debía invertirse en educación, salud y recolección de basura. Cuando Panamá le pidió a la Unesco que lo designara como Patrimonio Mundial, se comprometió a cuidarlo bajo parámetros internacionales. Sí, Cartagena tiene carretera alrededor. Pero ellos pidieron la protección de Unesco poscarretera, y precisamente porque temían a futuros proyectos agresivos.
Tuvieron que gritar por ayuda y la Unesco se las brindó. En Panamá tenemos el privilegio de no necesitar gritos (todavía) y de tener un sitio maravilloso que el panameño de a pie (y de a carro) usa todos los días para el disfrute de sus familias. Adicionalmente, este relleno no hace más eficiente la vialidad. Este objetivo se está logrando mediante el plan de vialidad del MOP que sí fue planificado y está siendo ejecutado en conjunto con el Metrobús. Aún así, la comunidad presentó varias alternativas al MOP y se han ignorado. ¿Por qué destruir nuestra historia? ¿Por qué destruir la segunda marca turística de Panamá? ¿Qué realmente estamos ganando con este proyecto que no dedica ni un dólar a poner siquiera tinacos en el barrio?


