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La figura del médico institucional. Gilberto Saavedra Collado

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Si bien es sabido, por muchas décadas la formación de médicos especialistas en nuestro país ha sido restringida, principalmente por aquellos que en su momento eran médicos especialistas formados en el exterior. Su principal interés en aquellos días era evitar la competencia profesional y se consideraban suficientes para atender a la pequeña población de nuestro país, en donde las patologías complejas tenían que ser remitidas a los hospitales nacionales del Ministerio de Salud y de la Caja de Seguro Social, ubicados en la capital de la República, o a las clínicas privadas. Obviamente, los mismos especialistas trabajaban a nivel institucional y, por supuesto, en sus clínicas privadas.

La población panameña creció, triplicándose, por ello se requirió gran cantidad de profesionales médicos para atender hospitales de la capital y en un número irrisorio cada provincia. A pesar del déficit que existe en el país, nuestros hospitales nacionales siguen formando una cantidad limitada de especialistas y la mayoría se queda a trabajar en la capital, gracias a mejores condiciones de trabajo y a la gran demanda de servicios privados. Ello, aunado a la mala planificación en la formación del recurso y una pésima política de incentivos económicos y académicos a los médicos que trabajan en el interior y áreas de difícil acceso, limitan la oferta.

Hoy, las autoridades, desesperadas por la falta de especialistas, prefieren traer médicos del exterior, bien pagados, en lugar de formarlos y así cubrir en unos cuantos años la demanda de servicios médicos especializados, necesidad que se viene dando desde hace muchos años, no en la capital más o menos cubierta, sino en el interior del país. Las autoridades médicas reconocen que el médico panameño es mal pagado, por ello la fuga de especialistas hacia las clínicas privadas. A pesar de ello, insisten en no pagar adecuadamente los servicios médicos. Cada día hablan con más énfasis de la mora tanto médica como quirúrgica; pero la problemática real es la escasa cantidad de profesionales que quieren trabajar en el interior del país.

Por eso creo en el médico institucional, me refiero al médico que según su contrato o nombramiento, se dedica voluntaria y exclusivamente a la atención de sus pacientes en su unidad ejecutora, para poder cumplir sus obligaciones con calidad, eficiencia y eficacia, y tenga un buen incentivo económico, además de otras prestaciones para su satisfacción personal y profesional (seminarios, congresos, etc.). El médico institucional sólo trabajará para la institución, para sus pacientes y no hará medicina privada. Pero debe ganar mucho, mucho más.

Con los médicos institucionales (generales y especialistas), la institución gana un servidor a tiempo completo, incrementa la oferta (más horas contratadas), logra un mejor servicio, eficiente, con calidad, y el médico logra los emolumentos necesarios para vivir cómodamente, sin presiones. La institución seguirá contando con los médicos contratados que harán su práctica privada en su tiempo libre.

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