Cada quinquenio nos toca ver a un nuevo improvisador en materia de salud, en vez de un buen gerente (léase ministro o director). Algunos con noción malévola de lo que hacen, otros en medio de su mediocridad, con discursos y acciones poco técnicas y más bien politiqueras, destruyen las esperanzas de una mejor salud para su pueblo.
Ejemplo de lo anterior es traer médicos extranjeros sin que pasen los filtros y escrutinio de las sociedades médicas y gremios a los que debían presentar un estudio científico de las necesidades de servicios médicos especializados según región, especialidad, características demográficas, patologías del área, accesos a otros servicios médicos y centros de referencia, niveles de atención, planificación de personal existente y por jubilarse, etc.
Conseguir el aval del Consejo Técnico, conformado en su mayoría por personal no médico, es una burla a la adecuada supervisión por pares de un tema tan delicado como el de los especialistas. Nadie que no sea especialista del ramo o sea, por ejemplo, pediatra o ginecólogo, puede decir que fulano o mengano lo es con sólo mirar unos papeles, sin comparar el pensum académico, tiempo y lugares de formación en donde adquirió las destrezas clínicas o quirúrgicas.
Recordando las amargas experiencias pasadas, en las que salieron a relucir diplomas falsificados, programas de falsos especialistas que solo han cursado diplomados o cursillos, que dicen ser especialistas pero solo han cursado uno de los tres o cuatro años requeridos para serlo, lo único que pensamos es que al ministro sólo le interesa hacer el espectáculo de traer a supuestos médicos especialistas, dejando de lado la calidad (no hacen exámenes de certificación, no hacen internado médico, no vienen con cartas que certifiquen la calidad ética de sus colegios médicos).
La escasez de especialistas es un problema internacional y la Organización Mundial de la Salud lo reconoce así y señala que no es con la migración de éstos, de un país a otro que se solucionará. Se soluciona con la formación nacional de los especialistas y otros profesionales que el país requiere.
La Universidad de Panamá y los gremios médicos, conjuntamente con la Asociación de Estudiantes de Medicina, han dicho que se puede formar a cientos de los especialistas que requiere el país, con la misma calidad que lo ha hecho en pregrado por más de 60 años.
Pero, mientras se forma a los especialistas para las áreas identificadas en el estudio (que el ministro oculta, pues parece no tener) la Comisión Médica Negociadora Nacional ha dicho cómo resolver el problema de la mora de citas de atención y quirúrgicas, generado por escasez de especialistas, pero sobre todo por la falta de insumos, equipo y personal de apoyo. Surtiendo de todo lo necesario e incentivando al personal para laborar horas extras y jornadas sabatinas, se puede llevar todo atraso a cero.
El problema es que, a causa de la mediocridad de los administradores y la incapacidad de los funcionarios que ocupan jerarquías ministeriales, solo se paga bajo presión y ocho meses después a los médicos, y no son capaces de dotar de insumos que se requiere de forma permanente, para que no se produzca más mora.
El presidente Martinelli debe saber que hay la mejor disposición por resolver los problemas en salud y que la juventud médica espera que se cumpla la promesa electoral de mejores salarios e incentivos, como el pago de los turnos.
Todavía recuerdo estar en un programa televisivo y escuchar al presidente decir: “no puede estar ganando tan poco, alguien que le abre a uno el coco” (tocándose la sien). Pero parece que para los extranjeros sí hay de todo lo que a los nacionales se les niega; las áreas supuestamente difíciles a donde los envían resultan ser Las Tablas, en pleno Carnaval, las cabeceras de provincias y lugares turísticos como El Valle de Antón. Se dice, además, que les ofrecen casa y comida.
Las mentiras, y el ocultar hojas de vida, contratos y salarios despiertan más suspicacias. Además, ahora resulta que las áreas capitalinas, San Miguelito y 24 de Diciembre se consideran zonas de difícil acceso o montañosas. Al fin y al cabo, ni el ministro ni sus compañeros de gabinete dejarán de atenderse en Paitilla. Pero si ellos o algunos de sus familiares sufriesen un accidente camino a la playa o de vuelta del interior, tendrían que ser recibidos y atendidos por personal que, al son del merengue, les recuerde cómo se cruza el Niágara en bicicleta.


