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Telemedicina en las prisiones de Panamá. Manuel Lobo R.

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Para nadie es un secreto en nuestro país que el sistema de salud dentro de las cárceles dista mucho de aportar al detenido la atención básica que éste requiere. Por eso, es común la proliferación de enfermedades que encuentran en el hacinamiento y las condiciones insalubres el campo más fértil para su propagación. Entre éstas, la tuberculosis, el VIH-sida, las enfermedades de la piel, las infecciones y muchas otras son comunes en un grupo de población que se encuentra a merced de los encargados de crear las condiciones óptimas posibles para mantenerlos lo más saludables posibles. Las condiciones sanitarias de estos grupos de población inciden en forma significativa en los indicadores de salud del país, de allí que es vital tomar acciones para que estos grupos vulnerables reciban la calidad de atención que como seres humanos se merecen.

La telemedicina se define como el uso de las modernas tecnologías de telecomunicaciones e informática para proveer servicios de salud a la distancia. Se entiende, entonces, como una herramienta más en el arsenal médico para dar salud. En ningún momento debe pensarse como reemplazo de la atención médica. Tampoco es un sistema de urgencias, porque obviamente las situaciones de salud de este tipo ameritan acción inmediata. Telemedicina en las prisiones se define como la aplicación de la telemedicina a los grupos privados de libertad.

Esta tecnología se basa en que a través de telecomunicaciones, ya sea inalámbrica o de otro tipo, la información médica tal como signos vitales pueda ser enviada de un lugar a otro y permita a los médicos generales del sistema penitenciario realizar consultas a especialistas que se encuentran en los centros médicos sobre la situación de salud de un detenido. A través de este sistema, un electrocardiograma, una radiografía, la presión arterial, la frecuencia cardíaca, los ruidos cardíacos y pulmonares, las lesiones dérmicas y hasta las otoscopias puedan ser realizadas dentro de la prisión y enviadas a un hospital, en donde un especialista evalúe y dé las recomendaciones al médico dentro de la cárcel. De esta manera, el detenido recibirá la evaluación de un cardiólogo, dermatólogo, neumólogo, otorrinolaringólogo o cualquier otro especialista sin salir de la prisión.

Dentro de sus ventajas está la de proveer servicios de salud más completos, con evaluación de especialistas y servir de segunda opinión médica o interconsulta, sin que el paciente salga de la prisión. Obviamente, se evitarían gastos onerosos e innecesarios por el traslado de estos pacientes a los hospitales, muchas veces planeado para fugas. Además, se evita en, gran medida, el peligro durante estos traslados y la exposición pública de estos detenidos, pero lo más importante es que respeta los derechos humanos de estas personas privadas de libertad que requieren atención de salud.

También sirve como entrenamiento y educación médica continua de todos aquellos profesionales de la salud que trabajan dentro de nuestras cárceles.

En Panamá ya es una realidad y se demostró que funciona perfectamente. En la cárcel La Joya se colocó un sistema de telemedicina que se conecta con el hospital Santo Tomás, a 33 kilómetros de distancia. Y se logró resolver muchos casos médicos sin trasladar al detenido. Este sistema podría utilizarse, incluso, en nuestros centros de salud u hospitales pequeños, que podrían estar interconectados y resolver situaciones específicas de salud, sobre todo en estos momentos en que la falta de médicos especialistas es un problema de salud pública. Ojalá las autoridades encargadas puedan darle acogida a estos proyectos que podrían hacer la diferencia.

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