Hace tres años y medio entré al fascinante mundo de la producción de biocombustibles, en particular el biodiésel. La materia prima inmediata que tenemos para convertirla en biodiésel es el aceite vegetal usado. Adquiría este aceite en fondas y restaurantes, cuyos dueños me lo vendían; de pronto algunos de esos establecimientos me pedían el doble. Les expliqué que no podía pagar el precio solicitado, porque el biodiésel dejaría de ser competitivo.
Me sorprendí cuando supe que quienes pagan ese precio son personas que se dedican a cría de pollos y puercos, y que una parte del aceite usado se destina a la alimentación de esos animales; la otra, se “limpia” para revenderlo a fondas, tanto en la capital como en el interior.
Mi sentido común me indicaba que esto tenía que ser nocivo para el ser humano. Me acerqué al Ministerio de Salud, en la administración pasada. Primero a la Región Metropolitana, en donde desconocían que esto sucedía. Tras mandar una carta a la ministra, Rosario Turner, pude reunirme con el director general de Salud y con el director de Control de Alimentos, este último –conocedor de la situación– justificó dicha acción, señalando que eso era costumbre en Europa. Como no tenía argumentos en ese momento, tuve que aceptar su opinión. Luego, investigando en internet me encontré con una serie de documentos de diferentes lugares del mundo que prohíben esta práctica.
El informe del Parlamento Europeo de febrero de 2001 es muy claro en ese aspecto, al decir: “El uso de aceites de cocina reciclados en los piensos, comporta algunos riesgos sanitarios, como por ejemplo concentraciones indeseables de materias contaminantes, en especial de PAH, PCB, dioxinas y sustancias asociadas. Después de analizar los riesgos que conlleva para la salud del consumidor la reutilización de aceites de cocina usados en la cadena alimentaria, se han concretado prohibir la utilización de aceites de cocina usados en la elaboración de alimentos o piensos”. A dicho informe hay que agregar lo siguiente:
1. La acumulación de ácidos grasos trans en las carnes de los animales alimentados con estos piensos, se transfiere a los seres humanos que las consumen.
2. La acumulación de dioxinas en las carnes de los animales alimentados con estos piensos. también se transfieren a los seres humanos.
3. Hay la sospecha de que esta práctica puede haber contribuido a la aparición de la encefalopatía espongiforme bovina (enfermedad de las vacas locas).
La dioxina es una sustancia cancerígena de primer nivel, no es biodegradable y se acumula en la grasa animal.
A pesar que les llevé copia de ese documento y otros más de otros países, de manera irresponsable, se cruzaron de manos y no hicieron nada. Parecía que el envenenamiento del dietilene glycol no les había enseñado nada.
Llegada la nueva administración, le mandé carta al ministro Vergara y me reuní con el director general de Salud, por orden de él; le entregué los documentos antes mencionados y le expliqué, con detalles, lo que estaba sucediendo y, al parecer, se prepara una legislación para frenar esta irresponsabilidad en la que incurren los dueños de restaurantes y los productores de pollos y puercos.
No he tenido la misma suerte con el titular del Ministerio de Desarrollo Agropecuario, a quien le hice llegar una carta en marzo, adjuntándole los documentos y, además, recortes de notas publicadas en La Prensa, el 7, 8 y 10 de enero, respecto a lo sucedido en Alemania, en donde encontraron pollos intoxicados con dioxinas, se cerraron 5 mil granjas y se perdió la exportación a Corea del Sur y Eslovaquia.
La actitud del ministro pone en riesgo la industria avícola y porcina en nuestro país, y también afectaría la industria de turismo, porque el turista podría reaccionar de manera negativa, poniendo en peligro la millonaria inversión de los propietarios de restaurantes y hoteles.
Quiero dejar constancia de que las tres principales porquerizas nacionales no cometen esta atrocidad. De los grandes productores de pollos no hemos podido verificar nada, pero la mayoría de los medianos y pequeños productores de pollo y puerco sí incurren en la práctica nociva.
Esperemos que, en los próximos días, el Minsa saque la reglamentación y la aplique de manera estricta, y que el titular del Mida reaccione. Les recuerdo a ambos lo del envenenamiento del dietilene glycol, que ya ha costado más de 150 vidas y más de un millar de afectados conocidos. La población debe jugar su papel, exigiendo a las empresas productoras que revelen la composición del pienso, y a los restaurantes, supermercados y abarroterías, exigirles saber quiénes son los proveedores de estos productos.
Cabe señalar, que por cada litro de aceite vegetal que se vierte en el fregadero, se contaminan mil litros de agua. Esto hace que el Idaan tenga mayores costos para purificarla; costo que se transferirá a los usuarios; además, al vertirlo en la tierra, esta pierde su capacidad de absorción de agua, provocando inundaciones. Por eso se recomienda guardar el aceite usado en frascos plásticos o de vidrio, porque en agosto hará una recolección de estos en todo el país.
La preservación del medio ambiente comienza con nuestras acciones individuales y responsables. De nuestra conducta de hoy, depende el futuro de nuestros hijos y nietos.


