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La madre de todos los miedos

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EFRAÍN HALLAX

El miedo entumece, te hace sangrar y ladra. Algunas veces también te puede salvar la vida. Descubrir la diferencia es un arte que te toma toda una existencia.

Si crees que tu peor miedo es perder un hijo, todo tu dinero o tu amor, te pido te detengas y mires dentro de tu universo interior, hurgando profundo hasta dar con nuestro “cuco” personal.

Perder el alma, irse al infierno, no ir al paraíso, estar excomulgado, etc. son los miedos más comunes de la psiquis del homo religiosus. Igual que un témpano de hielo, el homo religiosus ve un tempano de hielo solo en lo superficial, y por ende su verdad solo en lo que aflora del agua.

La madre de todos los miedos, para la mayoría religiosa, es nuestro miedo a morir. Nuestro terror a desaparecer sin pertenecer a nada ni a nadie. La existencia del vacío después de la muerte...

Hablar demasiado o criticar a la Iglesia se castiga quitándote tu entrada al cielo. La inquisición y la tortura no son cosas del pasado. Lo seguimos recibiendo hoy de parte de nuestra sociedad religiosa y del clero en general, bajo sublimes amenazas en relación directa a nuestras objeciones para con la Santa Iglesia. ¡Shhhhhhhhhh! Callado…..

Acabo de leer la patética carta escrita por Andrés Carrascosa Coso, nuncio apostólico en Panamá. Primero que todo, no son 300 sacerdotes acusados de abusos sexuales en nueve años Sr. Carrascosa Coso. Los 300 son la punta del iceberg.

En su escrito usted afirma que los “expertos” indican que la pederastia y los otros abusos sexuales son independientes del celibato, (quiénes son estos expertos?). El universo y yo estamos en desacuerdo con usted y con esos expertos.

La Iglesia que usted defiende en su artículo por parte de monseñor Mueller percibe “sentirse acosada”. Créame que aquí los acosados son los niños abusados sexualmente y ante esa cruel realidad no hay lugar a justificación subliminal alguna como la que ha tratado de comunicar en su reciente escrito.

Me altera saber del miedo de la Iglesia católica a que sus “hijos pierdan su miedo”, ese temor propio y ajeno que metódica y sistemáticamente nos vienen inculcando por siglos.

¿Porqué este miedo a la libertad? Me pregunto. Créame que el prohibirle a los curas el matrimonio y el permiso para poder amar y ser amados es una porción directa y porcentualmente altísima del problema de abusos sexuales y pederastia existentes.

El iceberg es profundo y duro, la verdad débil como la carne.

Confíe usted también en que casi todos los curas han buscado y seguirán buscando el amor aquí en la tierra. Apóstoles, curas y santos casi todos, han amado aquí en la tierra a una mujer. Esa es la gran verdad de la vida. Todo el resto es una burda película, inventada por la ambición de un control desmedido.

El mundo entero está en un despertar, en un amanecer que si es aceptado con valentía por parte de la Iglesia, podrá conducirnos a una nueva época. Mantener esta actitud de cobardía y miedo, llevará a la Iglesia católica a su propia destrucción. Perdonar como propone el Papa y luego encubrir disimuladamente esta locura no es una solución aceptable.

Nadie está libre de pecados para tirar la primera piedra; nos lo recuerda el Papa. Esta vez no dejaré que este versículo utilizado por Jesús con otro propósito, sea utilizado de una forma tan engañosa. Particularmente no me molestaría ver preso a todo culpable de abusar de un niño, ya sea cura o bombero. Las estadísticas (no de la Iglesia) indican que casi siempre estos reinciden en su acción criminal. Y aunque camine en valles de sombras de muerte no le temeré al mal, ya que Jehová, mi Dios, estará conmigo.

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