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‘Quo vadis, universitas’ Anel González

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Cuando faltan pocos días de campaña en pro de la silla rectoral, hemos sido testigos de situaciones y hechos que desdicen de los principios y valores que inspiraron al Dr. Octavio Méndez Pereira, fundador de la Universidad de Panamá. Como profesor de esta noble y trascendente institución, en estos momentos no me es posible permanecer en silencio por todo que está implicado en el sagrado voto que me permite la democracia. Democracia interna, que no fue regalada. Por los pasillos y aceras del campus central se derramó la preciosa sangre de jóvenes estudiantes y no pocos profesores fueron encarcelados y expatriados, a raíz del reclamo irrenunciable por la democracia universitaria.

En el año 1981, tras dos décadas del nefasto Decreto 144, la lucha de los universitarios daría como resultado la Ley 11, que devolvió la autonomía y la independencia académica y administrativa a la institución. En aquellos años se honraba el legado del Dr. Méndez Pereira. Las luchas en pro de la libertad para decidir el destino de la universidad había dado sus frutos.

Mas, para la sorpresa de muchos, a tan solo unos años de tan importante hecho, surge el denominado Movimiento 2025, que a la postre ha devenido en una negación de la democracia. So pretexto de reunir en su seno a lo más granado de la intelectualidad universitaria, se mostró a favor de la revisión de la Ley 11, para ajustarla, cual sastre, a sus propios intereses de perennidad y, por extensión, la de la autoridad principal.

Tres revisiones o enmiendas han hecho posible la continuidad en el cargo de un selecto grupo de profesores, administrativos y estudiantes, que abrigan la expectativa de la perpetuidad. Cuando la ley se ha sometido a enmiendas, no ha sido para actualizar el modelo de gestión administrativo ni para adecuarla a las innovaciones y exigencias científicas y académicas del mundo actual, sino para sostener en la cumbre gerencial a un grupo de magníficos profesores y administrativos que, desde hace años, han dejado a la universidad huérfana de creatividad y motivación, factores estos tan necesarios para el permanente rediseño y alineamiento con las transformaciones del mercado laboral y profesional.

En una especie de back to the future (regreso al futuro) sus seguidores han entronizado un modelo autocrático, cuasi monárquico, que nos regresa a las prácticas de la imposición, la intimidación y el miedo de la época en que los rectores firmaban sus contratos en la desaparecida Cárcel Modelo.

Tal es la soberbia que enceguece al equipo que ha acompañado al profesor Gustavo García de Paredes por casi 15 años, que no pocos han esgrimido la tesis de que él es irreemplazable, llegando a sostener que, por su personalidad mesiánica, debe mantenerse en la silla rectoral.

El momento es bueno para traer a la consideración de los amables lectores un segmento del discurso pronunciado por el primer rector de la universidad, el Dr. Octavio Méndez Pereira, en un acto de graduación el 2 de marzo de 1951, cuando sabiamente se expresaba así: “Juro luchar con toda mi capacidad por la dignidad del hombre, por la cultura, por la justicia, por la libertad, por el derecho a vivir en paz, sin miedo y sin amenazas, en un mundo en donde imperen límpidamente la democracia y la solidaridad humana”.

Es fácil inferir de este extraordinario pensamiento que el Dr. Méndez Pereira aprovecharía un momento como el actual para mostrar sus propósitos, sus anhelos, sus proyectos y expectativas a todos los universitarios y universitarias, y para debatir con sus contendores; para enfatizar que la libertad y la dignidad son principios que configuran la fuerza interior y la médula de los valores de todo ser humano y, por ende, son innegociables; y para insistirnos, con vehemencia, que el miedo y las amenazas no pueden ser ni deberían ser argumentos que coarten la decisión de votar libremente, por uno u otro candidato.

Concluyo este artículo citando nuevamente al Dr. Méndez Pereira, cuando dijo “se requiere de una juventud que no esté minada ni por la pasión crítica destructiva y negativa ni por sometimiento servil a las dictaduras que envilecen; una juventud que esté unida para crear y no para destruir, para avanzar y renovarse, no para sentarse en el camino y renunciar a la lucha”.

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