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Universidad y el desafío de su historia. Olmedo García

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Las circunstancias que vive la Universidad de Panamá, en su lucha por resistir a un poder que deteriora la gobernabilidad y la construcción de la ciudadanía, afectan la calidad sostenible de la educación, la que a contrapelo tiene que ajustar la formación y la investigación al servicio de un modelo que crea más desigualdad y concentración, excluyendo a los sectores marginados, y articular oportunidades para el desarrollo humano. Para los universitarios esta es una de las deudas que tenemos que asumir. Somos los responsables de ayudar a cambiar actitudes, lo que no significa renunciar a nuestras ideas y a nuestro proyecto; significa reafirmarlo, tal como ha sido el proceso democrático de las elecciones convocadas para hoy.

Desde el discurso del primer rector, Octavio Méndez Pereira, sobre la cultura como expresión del espíritu de la universidad, transitando por las reformas universitarias de 1972, organizadas por el Dr. Ricaurte Soler, como un esfuerzo en la búsqueda de resistir el pensamiento pragmático, utilitarista del modelo napoleónico, liberalizante y profesionalizante, hasta alcanzar nuevas tareas, con el inicio del siglo XXI, siempre pugnando por fundarse en una visión democrática y humanista. Con la globalización, que ha deslocalizado los complejos procesos de explicación del conocimiento, surge una verdadera transformación de la educación superior en el mundo, que se expresa en las Conferencias Mundiales de la Educación Superior de París, 1998 y 2008.

Este año, cuando la patria demanda mayores compromisos éticos, nos debe ubicar a todos en un lugar diferente. No desde las ideas que abrazamos con fuerza, sino desde las actitudes frente a quien piensa diferente, cuando pende de un hilo todo lo que hemos construido en 76 años de nuestras vidas. Con el debate de las propuestas que se generó con las elecciones universitarias, hay un “ciclo que se abre”. Nos da la oportunidad de avanzar en los desafíos académicos pero, también, asumir una agenda como es, “la lucha contra la discriminación y por la igualdad de oportunidades”, la defensa de la soberanía alimentaria, la sustentabilidad y la ecología, el costo de la vida y del empleo decente.

El panorama actual constituye una vergüenza colectiva; fuerzas poderosas que controlan estructuras de los medios de comunicación social quieren imponernos la agenda de los proyectos de la construcción de la universidad. La historia nos ha dado lecciones y tenemos la convicción de que cualquiera de los proyectos que expresara esa estrategia se conduce hacia el rotundo fracaso.

Por ello, examinando las propuestas, con los desafíos que tiene la universidad para confrontar las exigencias de la acreditación y la evaluación de los pares externos, la transformación curricular basada en el modelo de competencias transversales que responda al modelo productivo y no solo del mercado, que se logre la certificación de las investigaciones y los centros de alta tecnología, y la fiscalización de las universidades particulares, no me queda duda de que los proyectos presentados, excepto una de las propuestas, no han definido la estrategia global de esa universidad para que la entiendan, para que comprendan que las fuerzas deben estar al servicio de una democracia participativa y a la construcción del nuevo sujeto.

En el examen de los debates y confrontaciones de las propuestas, que se han realizado con la participación de los sectores universitarios, lo más cerca de nuestros ideales está contemplado en la propuesta que se denomina “El porvenir no se improvisa”, que recoge el pensamiento del Dr. Gustavo García de Paredes.

Esa propuesta se sostiene en cinco pilares:

1. La expansión universitaria hacia los polos de desarrollo que requerirá el país, ampliando la cobertura y la accesibilidad en ataque a la marginalidad y la pobreza.

2. El cambio sustentable que se basa en la continuidad de los proyectos y las estrategias, de la democracia interna e incluyente.

3. La unidad institucional, para que los intereses creados no acaben con la universidad popular y democrática.

4. Ser la herramienta del desarrollo humano sostenible, vinculando su estrategia académica a las estrategias económicas del Estado, a la actividad productiva, a los conceptos de equidad, igualdad de oportunidades, sostenibilidad científica, solidaridad y prosperidad.

5. La preparación integral del estudiante que conjugue el rigor de la ciencia y la tecnología con la formación humanista y los valores de un mundo que respete los derechos y garantías fundamentales sin discriminación y proteja el ecosistema.

No hay un solo visionario, somos muchos con una cosmovisión de lo que significa la universidad: la unidad. Tenemos la valentía y el coraje de contarle a los panameños que otra universidad era posible. Estamos convencidos de que debemos sobreponernos a las descalificaciones, injurias y agravios. Frente a los que siguen anclados en el pasado, con deseos de restaurar el viejo modelo y en sus privilegios, frente a los escépticos y pusilánimes, se iniciará el cambio que anhelamos.

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