La distinción técnica es entre “sociedad y comunidad”. La una tiene un peso institucional y la otra interpersonal. La sociedad tiende a ser tradicional, rígida y con relativas inflexibilidades culturales. La comunidad es flexible, innovadora y creadora de nuevos vínculos intrapersonales y grupales. ¿Existe la comunidad universitaria que elige hoy al rector vitalicio? Respondo que no existe y que no elige, libremente, a ningún rector de marras, porque es una corporación que se mueve en función de la propia administración.
La comunidad universitaria renunció a su función y surgió (en 75 años de existencia) la corporación denominada “Universidad de Panamá”; una sociedad descompuesta y sin rumbo constitucional.
Mis apuntes de ética aplicada o deontología profesional establecen tres peligros para las sociedades profesionales. La universidad es una sociedad profesional de docentes, además de contar con administrativos y con una comunidad flotante de estudiantes. Las tres amenazas que deterioran, descomponen y finalmente liquidan una institución de servicio público profesional son la corrupción, el corporativismo y la tendencia tecnocrática. La Universidad de Panamá está afectada terriblemente del corporativismo.
Es decir, una institución que ha descuidado su misión, ha distorsionado su visión y se ha dedicado a cultivar y desarrollar su propia administración como fin en sí misma. Ya lo decía el viejo Omar: “bien pendejos somos si perdemos el poder”. El grupo 2025 –desaparecido formalmente– ha impuesto el ritmo de la política universitaria desde que Carlos Iván Zúñiga decidió no reelegirse para no seguir el ejemplo de Octavio Méndez Pereira. El corporativismo universitario ha hecho de su cuerpo docente y administrativo un fin en sí mismo. Es la vieja “rosca universitaria” que tomó fuerza por sí misma, cuando la muerte terminó con la rectoría de Octavio Méndez Pereira en 1955.
Las cosas no cambiaron con la dictadura de Torrijos y Noriega. La “corporación Universidad de Panamá” no mejoró con la intervención, ni con la pérdida de autonomía, ni con los rectores a dedo, ni con los rectores elegidos en los últimos 21 años, ni mejorará hasta que la comunidad universitaria empiece en serio y responsablemente a funcionar como un cuerpo disciplinado de funcionarios y servidores públicos. Esto será posible sólo con una nueva administración que se libere del yugo del Ejecutivo y del corporativismo que ahoga el fin primordial de la educación superior y la función fiscalizadora para mantener la calidad de los profesionales que reconoce el Estado panameño.
He comparado al actual rector vitalicio con el jefe de un tribu y a los clanes de docentes, administrativos y estudiantes como los responsables de la pérdida de la función cimera que tuvo la Universidad cuando fue concebida por Harmodio Arias Madrid y José Pezet Arosemena. Que quede claro, hay grupos de docentes y administrativos que no son miembros de la corporación que devora su propia cola y que espera que la comunidad universitaria cumpla con la ley. Hay una comunidad de docentes que rechaza la manipulación corporativa y que sabe que el apoyo logístico de los administrativos es insustituible para ofrecer el servicio de excelencia y calidad que requieren los futuros profesionales.
Ya es tiempo de que la carreraadministrativa dé prioridad a los egresados de la universidad para ocupar los 160 mil puestos del Estado. Ya es tiempo de que nuestros egresados en administración pública, consular y aduanera, lo mismo que nuestros abogados, médicos, enfermeras y arquitectos con una sólida ética profesional vayan ocupando los puestos de fiscales, personeros, jueces y magistrados, lo mismo que los cargos directivos de instituciones autónomas, hospitales y ministerios. Panamá necesita no ser una marca país de negocios, sino una comunidad nacional de gente disciplinada, sabia y comprometida, moral y cívicamente. Urge la creación de un ministerio de ciencia y educación superior.


