La historia de la América Latina es controversial y despiadada. Aún resuenan la época de la conquista y colonización indígena y su posterior esclavitud, aunada a la del negro africano, con el aval de iglesias y clases dominantes, así como la explotación de riquezas minerales y la repartición de tierras. Nuestra América, nunca ha salido del sistema feudal ni ha tenido una repartición equitativa de riquezas. El liderazgo político sale de las clases dominantes, que gobiernan para su bolsillo. A la mayoría desposeída sólo le queda la educación, para competir por un mejor sistema de vida a través del conocimiento. Allí empieza otra encrucijada, pues los sistemas educativos están al servicio de la dominación y el subdesarrollo.
En este escenario, sería injusto ubicar a la Universidad de Panamá en sus inicios, pues su creación fue el fruto de hombres como Harmodio Arias Madrid, Octavio Méndez Pereira, José Dolores Moscote, panameños cuya honra y consagración a la educación y el desarrollo nacional eran incuestionables. La universidad tuvo un crecimiento desde la rectoría de Méndez Pereira hasta los tiempos del Dr. Carlos Iván Zúñiga, último gran rector.
A pesar del avance, el país es tercermundista, y con uno de los peores sistemas de repartición de riquezas. ¿A qué se debe? Nuestra importancia geográfica es una realidad, desde la expansión indígena hasta hoy. Separado de Colombia, nuestro país queda bajo la tutela de EU. Esta condición sumergió al istmo en una época de humillaciones que tocaron a todas las esferas, especialmente la educativa. De allí que las luchas de los centros del saber se dieran en torno a la soberanía. Nuestra historia es rica en hechos que resaltan el fervor patriótico durante la centuria pasada hasta 1999, fecha de la reversión del Canal. Si ya no tenemos obstáculos, ¿por qué seguimos desmejorando nuestra condición económica, social y educativa? Cualquier análisis de la situación educativa superior nos lleva a uno de los personajes más pintorescos de la educación nacional, Gustavo García de Paredes. Rector y, nuevamente, aspirante a la reelección; cuenta con un currículum y ejecutorias que serían la envidia de las compañías de bienes raíces o de algún ejecutivo de ventas, pero en educación no aporta nada.
Un vistazo a esta nueva modalidad rectorial, nos introduce en las noticias de diferentes medios de comunicación, en los que se resalta que García de Paredes alquiló 21 hectáreas de terrenos por 40 años, ubicadas a la salida del aeropuerto de Tocumen, y 11 mil metros cuadrados alquilados por 13 años, colindantes con el Corredor Sur. Vendió en 5 millones de dólares un terreno en Río Hato, y ahora está cerrando la venta de 285 hectáreas, también en Tocumen, en 109 millones de dólares. (Panamá América, 21/2/2011). A esto se suma la venta de casas, lotes y edificios por valor de $1.746.485.50, cuando presidía la ARI, y su intento por interesar a empresarios mexicanos en la venta de otras 5 mil 900 hectáreas en las áreas revertidas.
Su obsesión por vender se ratifica en nota aparecida en Panamá América (13/7/2005), que dice: “Según don Gustavo García de Paredes, se debe prolongar la existencia de la ARI, porque falta por vender el 40% de las tierras, de las cuales 5 mil hectáreas son para el comercio. Enfatizó que estos terrenos tienen un valor de 3 mil 800 millones de dólares y que se adicionan unos 150 millones por venta de edificios, dando un total de 4 mil millones”.
La Prensa (6/8/2004) hace mención del interés de García de Paredes de extender la vigencia de la ARI porque ¡falta por vender gran cantidad de casas y terrenos, adicionando el área de Howard! Como si fuese poco, de La Estrella de Panamá (11 y 12 de abril del año en curso) tomaremos la siguiente noticia: “de las mil 600 hectáreas donadas por la Sra. Castora Díaz a la Universidad de Panamá, no queda nada: dos fincas desaparecieron de los registros, y la tercera, de mil hectáreas, está ocupada. Además, ilegalmente, se segregaron tres fincas sobre los terrenos de la Universidad de Panamá, que fueron vendidas a un norteamericano, que construye allí un resort. En el contexto, el abogado Celio Gutiérrez asegura tener derechos posesorios sobre terrenos de la Universidad de Panamá, mientras Jacinto Cárdenas, magistrado suplente de Winston Spadafora, abrió un camino dentro de la finca de la Universidad de Panamá en La Arenosa a orillas del lago Gatún, el cual conduce a un lote que limita con los terrenos de la Universidad de Panamá, mientras otros familiares del magistrado vendieron y compraron fincas universitarias sobre las que consiguieron una hipoteca de 2.2 millones de dólares”.
El desarrollo de las sociedades llega con el conocimiento. Por ello, la necesidad de que la educación cumpla su papel transformador. La tarea parece difícil, porque en estos últimos 15 años la comunidad universitaria se dejó manipular por un dirigente cuyos méritos son su obsesión por vender o alquilar propiedades que no son suyas, pero que en el contexto educativo no ha aportado mucho. La comunidad universitaria debe demostrar que tiene la capacidad y la clase para pertenecer al grupo élite de la educación, exigiendo claridad mediante una auditoría de la gestión de García de Paredes y con la elección de autoridades que tengan como principio y fin el desarrollo a través de la educación, como lo soñaron Harmodio Arias y Méndez Pereira.


