Paul Harris, abogado, ideario y fundador del primer Club Rotario del mundo en Chicago, Estados Unidos, escribió: “ La dignidad de las profesiones se deriva de la reputación de quienes la practican, al dedicar sus conocimientos y capacidades al servicio de los demás. La remuneración económica, debe ser una consideración secundaria”.
Aunque éticamente, en cualquier profesión u oficio debería ser así, tenemos que admitir que esto requiere de un gran esfuerzo y frecuentemente ocurre todo lo contrario. No podemos olvidar que las relaciones humanas son importantes en toda actividad y que tenemos la obligación moral de dar el buen ejemplo; en pocas palabras podemos decir que la dignidad de la ocupación se deriva del servicio honesto.
Sin embargo, hay una diferencia entre los negocios y las profesiones, pues al exigir un título para ejercer una profesión, “supuestamente” los profesionales quedan protegidos contra la competencia de individuos no calificados, mientras que en la mayor parte de los negocios cualquiera puede participar. Consecuentemente, la actitud que los hombres de negocios tienen hacia sus competidores es crucial para el éxito de sus esfuerzos por dignificar una ocupación.
Paul Harris también decía: “Considerar la competencia como una maldición equivale a ser pesimista en todas las cosas de la vida, porque en cierta forma todos somos competidores. Los vendedores compiten por los clientes y los compradores por los mejores productos”.
¿Cómo no odiar al competidor, si lo consideras tramposo y desleal? ¿Podemos ver esta rivalidad como una crisis en las relaciones entre competidores? o como dijo Einstein: “La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza de encontrar salidas y soluciones”
Un agricultor que había ganado muchos premios con el maíz que cultivaba, distribuía sus mejores semillas entre sus vecinos. “¿Cómo es posible que hagas eso, sabiendo que tus vecinos competirán contigo?, le preguntó alguien. “Es bien sencillo, dijo, si quiero cosechar un buen maíz, debo ayudar a mis vecinos a que también lo hagan y que el polen que el viento lleva de un campo a otro sea de la misma calidad que el mío; si el maíz de mi vecino es inferior, la calidad del mío sufrirá”. ¿Estamos dispuestos a dar a nuestros competidores las “mejores semillas” de nuestras profesiones u oficios?
Un competidor activo nos obliga a dar ese esfuerzo extra que nos hace triunfar. Se dice que una rivalidad saludable es aquella que fomenta la libertad personal, la eficiencia y cooperación en los negocios. Los premios de todo negocio o profesión los obtienen los que no le temen a los saludables vientos de la competencia.


