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Expectativas y resentimientos. D. Marcelino González T.

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Una de las cosas que más nos afectan en las relaciones interpersonales es el resentimiento. En toda relación humana, desde la más ocasional hasta la más profunda, cada una de las partes espera que la otra se comporte de determinada manera y a esto lo llamamos: expectativas. Es algo así como una forma de vivir por anticipado nuestras relaciones con los demás, con todas las suposiciones y deseos que tenemos antes de que un acontecimiento suceda.

Expectativa es una palabra clave, cuando hablamos de resentimiento. Los resentimientos nacen de las expectativas frustradas. Cuando damos por descontado y creemos, justo y lógico, que el otro se comporte de determinada manera en algo que tiene significado especial para nosotros, y esto no sucede así, nos sentimos injustamente pagados, ofendidos y frustrados. Así comienzan los resentimientos.

Reconozcámoslo o no, de alguna manera pensamos que la otra parte se va a ver afectada cuando tenemos hacia ella un resentimiento. La paradoja es que el resentimiento es una de esas “victorias engañosas” que obra como un bumerán, que se devuelve contra el que lo lanza. El dolor que esperaba causarle al otro y todas las demás consecuencias negativas las está recibiendo.

Cuando una persona está resentida con alguien, desea vengarse. Quiere que el mismo dolor que está sintiendo, lo padezca el otro y, por lo tanto, lo primero que se le ocurre es atacar lo más importante que está dando: su amor, su afecto, su amistad. Lo importante es que el otro se dé cuenta de que está herido y esto le duela.

El resentimiento cambia la perspectiva de toda relación, se comienza a ser menos benévolo; algunas cosas que antes no le molestaban ahora las encuentra insoportables y, aun más, lo que todavía funciona bien, empieza a parecerle falso o sin sentido.

Quien tiene un resentimiento pierde mucho más que aquél hacia quien el resentimiento va dirigido. Además del tiempo que le dedica a cultivar su odio contra el otro, invierte su creatividad para planear, mentalmente, cómo contestarle para que “le duela”, cómo hacerle saber que… “cómo mortificarlo…” y le pone una gran pasión a “sacarse esa espina”.

El resentimiento es una extraña fantasía de dolor que quizá mantenemos con la esperanza de que la otra parte venga a disculparse, a reconocer su error. La otra parte tiene sus propios argumentos y razones o justificaciones para haber obrado como lo hizo y nuestro resentimiento no va a cambiarlos. Si esa manera de obrar, que nos dolió tanto es verdaderamente un error del otro, la otra parte estará sufriendo las consecuencias aun cuando aparentemente no lo demuestre, ya que es difícil saber lo que pasa en el corazón.

Un autor anónimo decía: “que nos hagan un agravio no significa nada, a menos que insistamos en recordarlo”. Deseo terminar mencionando que urge olvidar el resentimiento. Hadrat Muinudin decía: “inútil es la maravillosa producción de leche de una vaca que patea el balde”.

 

 

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